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Afganistán y la ofensiva estadounidense

viernes 03 de julio de 2009, 03:11h
La guerra en Afganistán no ha sido hasta ahora un gran éxito. Aún cuando se haya derrotado al régimen taliban, se hayan llevado a cabo elecciones en 2004 y se hayan establecido algunas instituciones gubernamentales, si bien deficientes y sospechosas de corrupción, no existe gobernabilidad ni unidad. Desde su inicio, la coalición no ha podido obtener el control total de ese país centroasiático; mientras las tropas ocupan una zona, los talibanes recuperan otra. Las condiciones geográficas, la falta de educación y la pobreza han contribuido al reforzamiento de los fundamentalistas en diversas regiones del país.

Ante esta situación, y como parte de su política contra el terrorismo, el presidente estadounidense, Barack Obama, inició la operación Khanjar, con un gran número de fuerzas, gran velocidad de acción y cuyo fin es controlar y permanecer en la región de Helmand al sur del país, importante en el cultivo de opio, donde se encuentran fuerzas militares británicas que han demostrado ser insuficientes. Uno de los objetivos de la operación es ganar terreno a los talibanes en provincias conflictivas antes de la celebración de comicios en agosto de este año.

En este contexto, en reunión de los Ministros de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, y la de España, Carme Chacón, se acordó una mayor colaboración. España compartirá espacio en su nueva base militar de Qal i Naw con el ejército norteamericano, y enviará efectivos que apoyen la seguridad durante las elecciones en agosto. Esta reunión y los acuerdos alcanzados podrían ser una señal de un mejoramiento y acercamiento en las relaciones España-Estados Unidos, así como un elemento que contribuya a una imagen de mayor unidad, coordinación y cohesión entre los países de la coalición presentes en Afganistán.

La iniciativa del presidente Obama es vista con buenos ojos por varios sectores, pero también con cierto escepticismo por los resultados que a largo y mediano plazo se puedan obtener. La presencia militar en todas las regiones de Afganistán es fundamental para limitar la presencia taliban. Sin embargo, la labor para lograr la estabilidad del país va mucho más allá. Es indispensable ofrecer a los sectores rurales una alternativa de ingresos adecuada que evite la producción de opio, crear infraestructuras que permitan el desarrollo, efectuar una gran campaña de educación, fortalecer las instituciones; y algo muy difícil también es encauzar las diferencias entre clanes y caciques por la vía democrática. Así, la presencia de Estados Unidos y los demás países de la OTAN en Afganistán parece no tener una fecha de conclusión.
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