www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Enseñar a convivir

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 03 de julio de 2009, 22:37h
El comedor escolar es un servicio complementario de fuerte carácter educativo, cuya existencia y reconocimiento estaba recogido en el Art. 65 de la Ley Orgánica 1/1990, de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) como un servicio que presta la Administración educativa y que contribuye a una mejora de la calidad de la enseñanza. Y aunque la LOGSE fue derogada por la disposición derogatoria única de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo de Educación, que ha arrasado también otras leyes orgánicas (Ley General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa, Ley Orgánica de Participación, Evaluación y Gobierno de los Centros Docentes y la Ley Orgánica de Calidad de la Educación), aún permite el servicio complementario de comedor e internado de acuerdo al Art. 82 en aquellas zonas rurales “en las que se considere aconsejable”.

El sistema espartano de educación (agogê) garantizaba el aprendizaje y enseñanza de ciertos valores básicos convivenciales precisamente en la syssitía o banquete común de los ciudadanos varones espartanos, que eran obligatorios, en cuanto que si no se acudía diariamente a la comida común de la syssitía se perdía la condición de ciudadano espartano. No hay que olvidar tampoco que en latín se expresa con el mismo verbo (convivere) tanto la idea de “convivir” como la idea de “comer juntos”. Efectivamente, convivir es comer juntos, y es la comida en común la máxima expresión de la convivencia, sensu stricto, y el mejor modo de aprender habilidades y destrezas sociales, esto es, convivenciales. No es ninguna salida de pata de banco afirmar que quien sabe comer junto a los demás, suele saber también convivir con los demás, o, por lo menos, tiene el mínimum de sabiduría social para convivir con los demás. El servicio complementario de los comedores escolares no sólo facilita la vida doméstica de las familias en que están insertados los niños, sino que tiene fines educativos de enorme transcendencia en todo aquello que se refiere a la competencia social y ciudadana.

Lo que más garantiza la convivencia es nuestra preocupación por el bienestar de los otros, en el sentido de solidaridad, no en el sentido de una desaprensiva intervención mecánica irrespetuosa y sin afecto en el ámbito privado de los demás. Los hombres no podemos recorrer nuestro propio camino si no somos también responsables del camino común, pues que vivir juntos y en armonía lo demanda nuestra propia naturaleza humana.

Vivimos para los demás, y nuestra propia vida depende de los demás, y debe ser objeto de cuidado para los demás. Vivir desde el punto de vista humano es convivir. Cuando San Agustín decía aquello de “Dilige et quod vis fac”, ama y haz lo que quieras, no tenía intención de presentar un principio teológico ni siquiera moral, sino que era una descripción antropológica y política del hombre.

El ser humano que sabe convivir convierte el mundo explícitamente en su patria. La amistad ( philía ) que reclamaba Aristóteles para la pólis, la ciudad, tenía como fin que no existieran en ella rencillas, que se impidieran las facciones e, incluso, la guerra civil; la ciudad aristotélica debía basarse “en el intercambio de ideas”, que era lo que “unía a los ciudadanos en ella”. Porque precisamente en el discurso ( discurrir hablando ), se pone de manifiesto la importancia política de la amistad y la peculiar humanidad de las comidas de ciudadanos en comedores públicos. La amistad y el comer juntos son las más nobles expresiones de la preocupación por el mundo, por los otros y con los otros.

Es así que el servicio complementario del comedor escolar contiene una importancia educativa siempre difícil de ponderar.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios