www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

¿Tiene futuro la democracia mexicana?

Juan Federico Arriola
domingo 05 de julio de 2009, 17:27h
“La democracia nació bajo la perspectiva de erradicar para siempre de la sociedad humana el poder invisible.” Norberto Bobbio (El futuro de la democracia)

México ha tenido sólo un par de momentos democráticos en toda su historia independiente. En el siglo XIX no existió realmente un sistema democrático y tampoco había una mentalidad democrática entre los políticos. Hubo dos imperios fallidos, el de Agustín Iturbide recién México nacía como Estado soberano y el de Maximiliano de Habsburgo en la séptima década de aquel siglo. Además hubo golpes de Estado, guerras civiles, una invasión por parte de Estados Unidos en 1847 que consumó la pérdida de la mitad del territorio mexicano, ya que Texas se había separado de México en 1833 y por supuesto existieron diversas dictaduras, una de las más terribles, la de Antonio López de Santa Anna que en su último periodo (1853-1855) fue apoyado en su ascenso tanto por conservadores como liberales.

En el siglo XX, en el inicio de la segunda década ganó las elecciones Francisco Madero en noviembre de 1911, seis meses después de que el dictador Porfirio Díaz abandonó el país con dirección a Francia. Madero trató de gobernar y tenía la confianza de tener al pueblo de su parte, precisamente porque le había votado en su mayoría, pero no le fue posible poner orden y dar gobernabilidad, porque casi todo el aparato del Estado, es decir, una parte numerosa de la burocracia administrativa, de jueces y legisladores, así como los factores reales de poder incluida la Iglesia Católica no deseaban ser sometidos al nuevo gobierno. La democracia duró poco y la cara más dura de la revolución mexicana apareció, la violencia que dejó un saldo aproximado de un millón de personas.

La historia se repite –como sugirió Marx en su libro El 18 de Brumario de Luis Bonaparte- el primer acontecimiento es trágico y su repetición es una farsa o comedia. La tragedia fue el golpe de Estado en contra del presidente Francisco Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez en febrero de 1913 que acabó en la muerte violenta de ambos. En diciembre de 2000 al parecer renacía la democracia al perder el Partido Revolucionario Institucional la presidencia de la república frente a una curiosa coalición que encabezó Vicente Fox, entre el Partido Acción Nacional y el Partido Verde Ecologista de México que por cierto ni es verde ni es ecologista, porque propone ahora entre otras tonterías una verdadera barbarie: la reinstalación de la pena de muerte en México. Entonces sobrevino la farsa: no se combatió la corrupción ni se fortaleció el Estado de Derecho, aunque el pluripartidismo se incrementó y con él las libertades públicas de expresión y de imprenta así como el derecho a la información.

La continuidad panista continuó con Felipe Calderón que triunfó en medio de un escándalo electoral al hoy controvertido líder de la izquierda ultra desunida, Andrés Manuel López Obrador, ex alcalde de la Ciudad de México.

La democracia mexicana es nueve años después del triunfo de Fox, una aspiración más que una realidad. Los factores reales de poder no nos dejan respirar: la izquierda cada vez está más dividida y por tanto debilitada, el partido en el poder está desgastado por todos los temas: hay más inseguridad, más muertos, más desempleo, impunidad en temas vitales y escasa cultura democrática, más bien pragmatismo que ni Maquiavelo aprobaría. El PRI, sin democratizarse internamente y sin haber limpiado la casa de corrupción e ineficiencia, seguramente ganará las elecciones federales intermedias en las que se elegirá a 300 diputados de manera directa y 200 por el principio de representación proporcional, con lo que dejará el tercer lugar que hoy ocupa para ser el primero aunque auguro que no alcanzará a tener 251 curules en la Cámara baja para obtener la mayoría. Los electores que no anularán su voto, castigarán en su mayoría al gobierno de Calderón, pero también castigarán las torpezas de la izquierda y premiarán al lobo vestido de cordero.

México se ve en el espejo de Venezuela –ahora a Chávez se le olvidó que fue golpista en 1992 y hoy es un dictador disfrazado- y en el de Honduras, y no da crédito a los retrocesos de países hermanos. El régimen cubano es impresentable y por eso no tiene siquiera espejo. La construcción del sistema democrático en México se inició en el siglo XX y lo que vivimos los mexicanos hoy es un sistema mezclado de autoritarismo y democracia. Son muchos los intereses económicos privados, sindicales y públicos que impiden la apertura más amplia que requiere México.

La tragedia no es sólo el fracaso de Fox de 2000 a 2006 y el fracaso evidente de Calderón que no cumple tres años al frente del gobierno, la tragedia consiste en que la ambición de los más poderosos y corruptos nos puede llevar a un rango de ingobernabilidad mayor que ya ha señalado a finales de junio el Banco Mundial en una clara crítica al Estado mexicano en su conjunto.

¿Tendrá futuro la democracia en México? Si perdemos la libertad de expresión en 2012 o quizá antes, constataré que Marx tenía razón sólo parcialmente: la tragedia se volvió farsa… para terminar finalmente en otra tragedia: un nuevo régimen autoritario con características hoy quizá inimaginables.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios