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Violencia étnica en China

miércoles 08 de julio de 2009, 01:11h
Las cifras provisionales del baño de sangre producido en Xinjiang (China) hablan por sí mismas: 156 muertos, un millar de heridos y más de 1.400 detenidos. La capital de la provincia, Urumqi, ha sido el escenario de violentos choques entre ciudadanos de la etnia han y de la etnia uigur, uniendo además a ésta última el factor religioso, ya que casi todos son activos musulmanes. El desencadenante se produjo ya hace meses, con unos supuestos abusos sexuales de fondo, aunque las relaciones nunca han sido buenas. A ello no ha contribuido precisamente Pekín, que ve a los uigur como una amenaza terrorista, tanto por su profesión de fe como por sus presuntas ansias autonomistas.

China es un gigante desconocido a ojos de Occidente. Si algo parecido sucediese en cualquier parte de Europa o América, ya habría habido manifestaciones de uno u otro signo. Pero China es diferente. Sus autoridades no muestran demasiado entusiasmo a la hora de que se conozca en profundidad al gigante asiático. Quizá, porque muchas de las cosas que saldrían a la luz repugnarían a muchos. Conviene recordar que China es todavía una dictadura con características totalitarias donde el respeto a los derechos humanos es prácticamente nulo. Pero, al mismo tiempo, China es la fábrica del mundo, y la hipocresía del capital hace que Occidente mire hacia otro lado en lo que a las libertades del pueblo chino se refiere. Por eso, los sucesos de Urumqi probablemente se olviden en breve, cuando realmente no debería de ser así. El exterminio de seres humanos, con independencia de sus creencias religiosas o su origen étnico ha de ser siempre denunciado, sea donde sea. Y si es en China, también. La vida humana es más valiosa que la producción de unas cuantas zapatillas de deporte.
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