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Gripe A, improvisación y después

Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 08 de julio de 2009, 20:07h
Lo que está ocurriendo a estas horas en la Argentina con la gripe A es una ilustración más, trágica, desesperante, de nuestra probada incapacidad para advertir a tiempo la magnitud de un problema y procurar su efectiva solución.

Empezó en el otoño con unos pocos casos aislados. Continuó en un conocido colegio del barrio de Belgrano, en la Ciudad de Buenos Aires. A partir de entonces, otros establecimientos educativos fueron cerrando de a uno sus puertas por períodos de diez a quince días. Las guardias de los hospitales comenzaron a verse abarrotadas de gente esperando la eventual indicación de un hisopado de fauces cuyo resultado, desbordado el Instituto Malbrán, se demoraría hasta cinco días en llegar.

Ninguna medida uniforme, de alcance nacional, que permitiera detener el avance del virus. Teníamos el ejemplo de México para emular pero preferimos, como siempre, ser originales. Privilegiamos las elecciones legislativas, que debían tener lugar en octubre, y las adelantamos para el mes más frío del año porque, según nuestra elite gobernante, había que asegurar la gobernabilidad, palabra que, francamente, ya no sé qué significado tiene en la Argentina. Pandemia y jornada electoral: un cóctel verdaderamente explosivo.

Derrotado en las elecciones, el gobierno descubre, de la noche a la mañana, la gravedad del asunto. Y confiesa, inopinadamente, por boca del nuevo Ministro de Salud, la existencia de 100.000 casos estimados. Se extendió a un mes el receso escolar de invierno, las universidades suspendieron sus clases y se anticipó la feria judicial. Los teatros bajaron provisoriamente el telón. Asimismo se nos recomendó lavarnos frecuentemente las manos y evitar la concurrencia a centros de compras. Por supuesto que se permitió (cómo no) la presencia de miles de aficionados en la polémica final de campeonato entre Huracán y Vélez.

Los intereses pudieron más, el dinero pudo más (siempre, en rigor, el dinero puede más), la política pudo más. Entretanto, el número de infectados aumenta, la cantidad de muertos también. Se habla de más de setenta. A estas alturas, sin embargo, ni las estadísticas resultan fiables y las medidas adoptadas se parecen más a un manotazo de ahogado que al resultado de un plan razonado e integral.

La política exterior de los Kirchner nos aisló del mundo. Tengo para mí que la pandemia que hoy nos asola constituye una imagen vívida, aunque luctuosa, de su consumación.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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