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Exposición

Grandes Momentos Olímpicos

jueves 21 de febrero de 2008, 17:02h
Para los telespectadores que siguen por televisión una prueba, por ejemplo, de natación, resulta imposible muchas veces determinar quiénes son los ganadores. Entre los remolinos y el burbujeo del agua, el ojo humano es incapaz de percibir qué mano ha tocado antes la llegada. Por debajo de 1/5 de segundo, ya no se aprecian las diferencias. Y, sin embargo, gracias al marcador y a la tecnología que lo dirige, conocemos instantáneamente al vencedor y el margen de su victoria, a la centésima de segundo.

Las generaciones que nos preceden tenían que conformarse con considerar suficiente una precisión de 1/5 de segundo. Actualmente, 1/5 de segundo puede separar al ganador del octavo entrante. Nosotros estamos ya acostumbrados a esta precisión casi absoluta del cronometraje deportivo y no solemos preguntarnos cómo se ha llegado a ella. Pero, de inicios del pasado siglo a hoy, el camino para alcanzar una clasificación cada vez más afinada ha sido largo.

Omega, una de las la empresas que más ha contribuido a desarrollar esta ciencia, con sus importantes creaciones de alta tecnología, nos invita a recorrer ese camino, en una exhibición apasionante y que pocas veces, fuera de los museos especializados del mundo, podrá repetirse. Para los aficionados a la ciencia y a las especialidades deportivas, se ofrecen aquí numerosos dispositivos tecnológicos que han marcado hitos en su época. Por ejemplo, dos versiones de la Omega Photosprint, sucesora de la prodigiosa Racend Omega Timer de 1949: una innovación fundamental, que resolvió el gran problema de las llegadas a meta en grupo, como se pudo demostrar, por ejemplo, en los JJ. OO. Helsinki 1952, bajo el cronometraje oficial de Omega. En la final de 100 m, Remigino (EE UU) y McKenley (Jamaica) parecían haber roto el hilo simultáneamente. Gracias a la Racend Omega Timer pudo atribuirse la victoria a Remigino.



Los coleccionistas y amantes de los cronógrafos van a encontrar también ejemplares, hoy inalcanzables si no es en alguna subasta y a precios astronómicos, de cronógrafos y cronotaquímetros de bolsillo de los años 1900 a 1943, entre los que atrae la atención un cronotaquímetro Omega gran formato de 1904, con escala taquimétrica espiral en cinco colores. Encontrarán, además, cronógrafos de pulsera que abarcan de 1933 a 1963, todos de gran relevancia histórica, como el primer modelo de este tipo del calibre 33,3 CHRO, que se lanzó al mercado en 1933, o un rarísimo Seamaster Automatic de 1956, que luce en la esfera la Cruz del Mérito Olímpico, concedida a Omega en los JJ. OO. de Helsinki 1952 «por servicios excepcionales al mundo del deporte». Pero ninguno de ellos está a la venta.

En cuanto se clausure la Exposición, el próximo día 8 de marzo, volverán a su lugar de procedencia, el Museo Omega de Bienne, Suiza. Los organizadores también han previsto esto y han añadido a la exposición seis modelos de cronógrafo de pulsera (Seamaster, Speedmaster, De Ville) de la Colección Omega Olympic, varios de ellos con certificado de cronómetro otorgado por el COSC, todos con los aros olímpicos como contrapeso del segundero central de cronógrafo y todos a la venta.