
Estados Unidos ha encontrado en Colombia un espacio para
proseguir con sus tareas militares en América Latina tras el cierre de su base ecuatoriana de Manta, al recibir, en medio de la polémica, el visto bueno del Gobierno de Bogotá para que los norteamericanos utilicen sus instalaciones.
Aunque el acuerdo entre Bogotá y Washington se está negociando, es un hecho que los estadounidenses podrán utilizar
tres bases militares de Colombia, con la posibilidad de que puedan hacer uso de otras dos.
El Gobierno del presidente Álvaro Uribe asegura que el objetivo del convenio es la lucha frontal contra el narcotráfico y el terrorismo dentro de las fronteras nacionales y con la ayuda de Estados Unidos, mediante la ampliación de la cooperación militar que ese país brinda a Colombia desde hace 50 años.
Si bien el Ejecutivo garantiza que no habrá pérdida de soberanía ni se crearán bases estadounidenses, ya que solo se permitirá usar las instalaciones bajo la autoridad de los militares colombianos, las críticas no se han hecho esperar.
"Más que ser producto de un balance de las necesidades que tiene el país, opera más la decisión de ofrecer a Estados Unidos una alternativa" al cese desde mañana de las actividades en Manta, dijo a Efe el sociólogo y experto en narcotráfico Ricardo Vargas.
El también director de Acción Andina y miembro asociado de Transnational Institute cree, además, que "el mensaje que se lanza hacia los países vecinos es preocupante porque Colombia es señalada como un país que está sirviendo de base para la presencia de Estados Unidos en el orden militar de la región".
A su juicio, "se ratifica la condición colombiana de ser
un puente a través del cual Estados Unidos hace presencia en la región y eso, obviamente, tiene costos diplomáticos y políticos", porque los vecinos, en general, "ven a EE.UU. como un país no fiable".
El ex ministro de Defensa y precandidato liberal a la Presidencia colombiana Rodrigo Pardo criticó, por su lado, la falta de transparencia del Gobierno porque -a su juicio- mediante ese acuerdo se crearía "una plataforma de operaciones de una fuerza militar y/o de inteligencia de otro país".
En un artículo publicado en el diario El Espectador, Pardo contempla la posibilidad de que esa plataforma vaya a operar en otros países desde territorio colombiano, lo que significa
. "Es prestar nuestro territorio soberano para asuntos sobre los que no tenemos control", aseveró el ex ministro liberal.
Asimismo, afirmó que Colombia necesita cooperación y más de Estados Unidos, pero se pregunta: "¿En qué condiciones? y ¿con qué controles?". Y si bien la polémica se ha extendido en Colombia, más aún fuera de sus fronteras.
Desde La Paz, el presidente boliviano, Evo Morales, calificó de "traidores de la patria" a aquellos políticos de América Latina que aceptan la instalación de bases militares estadounidenses. Para Morales, los países latinoamericanos deben plantearse que "nunca más" haya bases extranjeras en la región para "hacer respetar la soberanía de los pueblos".
El mandatario boliviano cerró una instalación militar estadounidense en la región tropical de Cochabamba, mientras que su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa, decidió el año pasado no renovar el compromiso de Manta, donde los estadounidenses llevan operando diez años y de la que se retirarán definitivamente el 18 de septiembre próximo.
De acuerdo con el convenio que negocian Colombia y Estados Unidos, que se cerrará en las próximas semanas, los estadounidenses podrían hacer uso de las bases de Malambo, en el norte, y Palanquero y Apiay, ambas en el centro del país. Colombia ha solicitado que se sumen otras dos bases donde ya hay asignado personal estadounidense: Larandia (sur) y Tolemaida (centro).
Asimismo, Washington realizaría inversiones en infraestructuras militares por 5.000 millones de dólares y se le permitiría la presencia de un máximo de 800 militares y 600 contratistas civiles del Pentágono u otros organismos de seguridad estadounidenses.