Humildad, al menos
viernes 17 de julio de 2009, 20:24h
No soy la única que se sorprende por la forma de actuar del señor Camps y de la respuesta de toda la directiva e incluso de todo el partido, incluidos seguidores, hinchas, abonados, afiliados, las bases in, las bases off, o los no sabe no contesta del Partido Popular, ante la posible participación del mencionado Camps en una trama de favores y mejora de su situación particular a costa de la buena fe y la confianza de la ciudadanía. A sus más de setenta años, mi madre sin ir más lejos, lleva días comprando el periódico - me guarda todos los ejemplares, me pregunta si estoy al tanto y se empeña en que me los lleve para leerlos con calma- atónita e indignada ante tal contubernio.
Si fuera cierto e indicios parecen haberse encontrado, estaríamos hablando de agravios patrios, de lesa dignidad, de abuso extremo. Hablando de guiños a la justicia salidos de tono –dos escaloncitos más y todo habrá pasado (afirmaciones del propio Camps)-, de justificaciones y comparaciones ridículas –todo el mundo conoce que cada vez que el presidente Revilla va a la Moncloa le obsequia (al presidente Zapatero) por agasajo o por complacencia, con algunas cajas de anchoas (afirmaciones de Rita Barberá)-, hablando de burla al entendimiento y a la capacidad de todos los españoles.
Aunque también se trate del traje a medida o los zapatos de piel de potro que los políticos al servicio bien recompensado de todos nosotros visten cada día, se trata más de falta de humildad, de carencia de escrúpulos, de lo que cada día me supone un ofensa. Tales actitudes traspasan el límite admisible entre la recompensa por mi esfuerzo y la facilidad con que aquellos logran lo suyo. Como si intuyera que las tramas al margen merecen más y encima se lo permiten así mismos todo ante los aplausos y vítores de muchos otros
Conozco personas que dentro de su ropa exclusiva se pavonean por el simple mérito de llevarla encima, cual transformación de otra forma imposible. ¡Genial! Si pueden sufragar el gasto. Pero a los políticos se les exige, a cambio del estatus concedido, devoción, integridad, fidelidad, entrega. En una palabra: clase. Y la clase está reñida con la falta de humildad, con el orgullo lascivo, con el engaño y más, con la sorna engreída que se arroja a las instituciones que protegen los derechos conseguidos. Porque si ya ni nos dejan gozar con la confianza en el poder judicial cuando el ejecutivo se va diluyendo… ¿qué nos queda?
Se nos ofende cada vez que un político abusa de su condición, por pequeño que este exceso sea. En su valoración moral sobran las escalas. Si se ha abusado, simplemente, se ha abusado y se contrae una deuda enorme con el resto de los ciudadanos. Ya no importa la cantidad, sobra el gesto. Y no citaremos las mentiras, el escurrir el bulto, el pavoneo fácil desde la cima. En este país, o a más, en la Europa y en el mundo occidental dominado por el neoliberalismo, durante décadas se ha premiado y admirado a los hábiles que han aprovechado las debilidades del sistema en beneficio propio, y si este triunfo era rápido, fueron también encumbrados. Y ahora que esta ideología muestra su enorme fragilidad, necesitamos pruebas de que algo está cambiando. Porque todos podemos, todos somos, todos aportamos, todos participamos.
Cuando una parte del mundo parece virar –hablo de los muestras del dirigente de la hasta ahora primera potencia mundial, Barack Obama e incluso de los ideales del populismo iberoamericano- el neo-poder instituido parece obcecarse en perdurar, en solidificar una política atemporal, desfasada, entregada a mantener los beneficios del poder, público o privado, de muchos de aquellos que sin merecerlo, lo sustentan. Los políticos, las instituciones, las grandes organizaciones y los poderosos que las manejan, debieran darse cuenta de que sin nosotros significan poco, que nos necesitan más para subsistir que el resto, los ciudadanos, a ellos.
Y ustedes, si no son capaces de conseguir un mundo mejor, al menos cuando se equivoquen, agachen un poquito la cabeza.
Un simple gesto de humildad, por favor.
PD. “Barack Obama is a symbol and a reflection of this new kind of politics. It is a positive sign of change when the politics of hope replace the politics of fear…” (Transforming Power, Judy Rebick)