La seguridad social de Obama
miércoles 22 de julio de 2009, 00:34h
El sistema sanitario estadounidense arrastra una leyenda negra tan pesada como, en ocasiones, injustificada. En un país que cuenta con los mejores médicos y servicios hospitalarios del mundo, hay quien no tiene acceso a una atención sanitaria digna. Eso mismo es lo que pretende paliar Obama con su propuesta de reforma sanitaria, según la cual el 95 por ciento de los norteamericanos podrían acceder –pagándolos con sus impuestos- a unos servicios de salud que hasta ahora deben sufragar directamente contratando un seguro privado, a veces inalcanzable. A día de hoy, el proyecto cuenta con importantes escollos, pues el trámite en la Cámara de Representantes no va a ser nada fácil, toda vez que hay una fuerte contestación en una medida que muchos ven como excesivamente onerosa.
Por encima de su indudable buena intención, quizá el problema principal al que deba enfrentarse Obama sea doble. Por un lado, su premura en los plazos -su intención es que esté todo listo antes del 7 de agosto- puede dar al traste con un proyecto que requería más paciencia que precipitación. Por otro, la manera de vender su idea al pueblo norteamericano ha pasado por alto el hecho de que muchos ciudadanos prefieren costearse un seguro privado que cubra sus necesidades antes de pagar más impuestos por algo que seguramente funcionaría peor, si se gestionase a nivel estatal. Por no hablar de la actual crisis económica, auténtico obstáculo a la hora de financiar un carísimo proyecto. Con todo, se hacía imperioso mejorar las condiciones de aquellos que viven con escasos recursos, y cuyo número ha aumentado considerablemente durante estos últimos años. Por ellos sí merece la pena esta reforma. Pero su situación no es extrapolable al resto de la sociedad estadounidense, por más que algunos pretendan hacerlo ver así.