España en llamas
jueves 23 de julio de 2009, 00:53h
Como cada verano, los incendios acuden puntual y lamentablemente a su cita de destrucción. En esta ocasión, además, hay que lamentar la muerte de cuatro bomberos que intentaban sofocar un fuego en la provincia de Tarragona. También Collado Mediano, en Madrid y Baltanás, en Palencia, han sufrido los rigores de un fuego que cada año causa más destrozos. Es importante destacar el esfuerzo de las distintas administraciones a la hora de prevenir estas auténticas catástrofes naturales pero, al mismo tiempo, conviene recordar errores pasados para no repetirlos en el presente más inmediato.
Aún está en la memoria colectiva el incendio que costó la vida a once personas en la provincia de Guadalajara en 2005. Entonces, la coordinación entre autoridades locales, autonómicas y nacionales dejó mucho que desear, y el resultado fue la deforestación de una ingente masa forestal y la pérdida de once vidas. No hay porque culpar al actual desaguisado autonómico imperante en España. Pero, en ocasiones, se echa de menos organismos del pasado como el Instituto para la Conservación de la Naturaleza -ICONA- capaz de articular proyectos y soluciones a nivel nacional. El incendio de Guadalajara fue un caso palmario en el que la incompetencia de una comunidad autónoma, Castilla-La Mancha, originó que las ayudas ofrecidas por otras comunidades autónomas y por el Estado mismo no fueran todo lo útiles que se precisaba. A tenor de los incendios que ya se han producido en 2009, han empezado a surgir las primeras voces críticas que culpan a unos y otros de no haber limpiado el sotobosque en sazón o desbrozado un cortafuegos concreto, no dotar de medios técnicos y humanos a una determinada comarca o, en suma, no hacer las cosas como se debe. Se queme un monte en Asturias o Cataluña, las consecuencias son igual de negativas para todos los españoles. Porque el fuego no está transferido. Precisamente por eso se echa de menos una mayor coordinación a nivel estatal, en lugar de un puñado de confusas competencias transferidas que, a la hora de la verdad, obstaculizan más que resuelven. De hecho, una organización y administración descentralizadas deberían demostrar su funcionalidad en problemas como este.