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Leszek Kolakowski: idealista sin ilusiones

Artemio Benavides
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artemiobenavideshotmailcom/16/16/24
viernes 24 de julio de 2009, 19:13h
“Ningún hombre es una isla…”, decía J. Donne, un poeta inglés del siglo XVII. Y agrega que la muerte de todo hombre lo disminuía, porque era parte de la humanidad. Y concluía que nunca preguntemos “…por quién doblan las campanas”: doblan por nosotros.

La desaparición del pensador polaco Leszek Kolakowski nos impone la cita del poeta inglés que, a su vez, estimaba a los ingleses, aunque no se sentía inglés: “…Gran Bretaña es una isla, Oxford (donde falleció) también es una isla; All Souls es una isla de la Universidad de Oxford y soy una isla de esa isla. Soy, entonces, una isla por partida cuádruple”. Y no se lamentaba de ello, decía.

Nuestra generación, pienso, se empequeñece sin la presencia de Octavio Paz, por supuesto. Pero muy a menudo, seguimos dialogando y preguntamos qué hubiera dicho de estos tiempos atroces. Acudimos a su obra y, a veces, creemos encontrar alguna respuesta. Su poesía nos reconforta y su actitud nos estimula todavía: aquel “peregrino en su patria” –O. Paz– que en algún momento invitó a México al filósofo Kolakowsi.

Tal vez, el pensador polaco compartió reflexiones respecto a su patria que, se ha considerado, como “el campo de juegos de Dios”, por su sufrida, trágica historia. También es posible que Kolakowsi sea apenas conocido por su demoledora, definitiva, crítica del marxismo. El ‘socialismo real’ era una pesadilla homicida. Y su actitud rebelde le impuso el exilio y lo llevó a convencerse que ese “socialismo real” no era una aberración del marxismo, sino que constituía su culminación lógica.

Era, como Ignacio Silone, un idealista sin ilusiones, con una pasión lúcida por la justicia: “un socialista sin partido, un cristiano sin Iglesia”. Tal vez.

Pero quizá, cuando las nuevas generaciones apenas se enteren del horrible siglo XX en los textos, su obra filosófica sea más perdurable que su análisis del marxismo. Y todo porque Kolakowski sufrió esa pesadilla horrible, pero superó esa angustiosa etapa y ahondó en el terreno religioso, sí, en “…Dios, el diablo, el pecado y otras preocupaciones de la llamada filosofía de la religión”.

Fue un filósofo y un revisionista constante de su pensamiento y su actitud en Polonia dejó su impronta y a mi generación –al menos– nos señaló otros rumbos, mayores espacios y una delicada ética no exenta de contradicciones –que aceptaba y gustoso las enfrentaba. Su desaparición nos desconsuela, pero seguiremos en constante diálogo con este filósofo incómodo.





Artemio Benavides

Historiador

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