Zelaya en la frontera con Honduras
sábado 25 de julio de 2009, 01:37h
Tal como lo advirtió a comienzos de esta semana, el presidente derrocado de Honduras, Manuel Zelaya, se desplazó a los limites de la frontera hondureño-nicaragüense, en un segundo intento por regresar a su país. Un acto intimidatorio, que si bien ha mantenido expectante a la comunidad internacional, no ha inmutado al gobierno de Roberto Micheletti, que se ha mantenido firme en su postura de no permitir el ingreso a territorio hondureño del ex mandatario.
Pese a la creciente presión internacional que recae sobre los hombros del Micheletti, y de la infructuosa empresa que ha supuesto para el laureado Óscar Arias, la puesta en marcha de un diálogo que permita la resolución de la crisis política de ese país, la restitución de Zelaya al poder, es una alterativa que cada vez se le escapa más de las manos al presidente destituido, el cual ha subestimado el temperamento de sus oponentes y sobreestimado la influencia de sus aliados de Venezuela y Nicaragua.
Manuel Zelaya confió que bastaría el aislamiento y la condena internacional para retomar sus funciones en Tegucigalpa. Pero el tiempo está demostrando lo contrario. El actual gobierno de uno de los países más pobres de América Central se mantiene inamovible en su posición de defender la soberanía de Honduras, negándose a devolverle la jefatura del Estado a un hombre que, a fin de perpetuarse en el poder, usó su potestad para tratar de quebrar la Constitución del país, enfrentándose al Congreso y desafiando al poder judicial.
Aún no se vislumbra un panorama claro sobre el futuro próximo de Honduras. De hecho, a medida que pasan los días, la coyuntura política del conflicto hondureño se muestra más compleja, debido a que ninguna de las dos partes está dispuesta a dar su brazo a torcer. Habrá que esperar para comprobar si Arias es capaz de revivir una moribunda mesa de diálogo, o si Zelaya cumple sus amenazas de iniciar una guerra civil o bien Micheletti le da un giro a la opinión pública mundial.
Ahora, el presidente depuesto se encuentra en la frontera de Honduras, muy bien acompañado de su colega Daniel Ortega y del ministro de Exteriores venezolano, Nicolás Maduro. Mientras tanto, al otro lado de la frontera, hay un país que, de no hallar pronto una solución pragmática a la crisis, podría estar al borde del enfrentamiento civil.