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Berlusconi: ¿autoerotismo o la cama de Put…in?

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 26 de julio de 2009, 18:36h
Habemus audio. Esta semana el periódico italiano “L’Espresso” ha publicado en su página web varias grabaciones de los encuentros entre el presidente del gobierno de Italia, Silvio Berlusconi y la escort (prostituta de lujo), Patrizia D’Addario. Las cintas confirman que el “cavaliere” conocía a la buscona contratada por Giampaolo Tarantini, amigo íntimo de Berlusconi, proxeneta del usuario final, investigado por corrupción, cesión de droga e inducción de la prostitución.

“Yo me doy una ducha y ¿luego me esperas en la camaza (lettone) si terminas primero tú?”, le dice Berlusconi. “¿Qué camaza?” pregunta D'Addario, “¿la de Putin?” “Sí, la de Putin”. Es la cama grande, con el baldaquino barroco y las cortinillas, regalo de Vladímir Putin. O cuando le dijo con su inconfundible estilo “¿Me permites? Deberías hacer sexo tú sola...deberías tocarte con cierta frecuencia...”

Las grabaciones resultan bastante desconsoladoras y desvelan algunos lados de la personalidad de Berlusconi que desconocíamos: en primer lugar, que su gran ironía es ilimitada, como confirmaría la música de fondo de la grabación ya que se escucha la canción “Zoccole, Zoccole” (putas, putas), cantada por el neo-melódico napolitano Sal da Vinci- vaya manera de crear la atmósfera idónea-; luego, que el Cavaliere goza de “perversiones sexuales” comunes a muchos, ataques de voyeurismo y afección por las escenas lésbicas, como el invito a dejarse “lamer por una amiga suya” o el deseo de un “ménage a’ trois”; que no resulta entre los promotores del uso del condón, información preparatoria brindada por el Tarantini a la D’Addario –y eso que Berlusconi afirmaba no conocerle o ser su amigo: pues, estando así las cosas, dudo de verdad de poseer amigos, ya que no conozco las costumbres sexuales de nadie; que ni siquiera se recordaba el nombre completo de la “escort”, tanto que se lo pregunta el día siguiente en el desayuno (¿con cuántos huevos?); finalmente, que, como justamente me ha hecho notar mi amigo Nicola, quizás pueda contar con un inesperado lector-prosélito ya que, si en una precedente columna me quejaba del Proyecto de Ley para mandar a la cárcel a los clientes de las prostitutas, él parece que, -al igual del subscrito pese a no compartir hábitos sexuales-, resulte contrario y dispuesto a “desafiar” la ley en materia.

Teniendo en cuenta estos elementos, me pregunto qué postura asumirá la Iglesia al respecto: por un lado, podría elogiar la invitación al no utilizo del preservativo, pero ¿la “celebración del autoerotismo”? ¿Y el sistemático recurso a las prostitutas? Quizás cerrará un ojo (bueno hace falta los dos…), a cambio de que el Gobierno siga sin poner en discusión sus enormes privilegios como intentó el discutido Prodi. ¿Y los medios de comunicación? Registro con sorpresa la ausencia de noticias sobre este tema en las televisiones italianas ya que resulta más importante contar sobre “las diez playa más divertidas de Europa”, el pecho de una waterpolista en Roma, “pronto será monja, desnuda en Facebook”, noticias de una cierta relevancia, tanto que, con severidad, algunos periódicos internacionales han comparado su servicio al de la Ddr, la temible Alemania del Este: ¿es mucho pretender que, por lo menos, los medios de comunicación “públicos” cumplan su deber de informar el ciudadano?

Finalmente, no me sorprende que Berlusconi afirme que “no es un santo”- pese a los escándalos sexuales, no pierde el buen humor: hasta yo, que la última vez que entre en una Iglesia la misa era en latín, soy capaz de reconocerlo. La suya es una defensa pícara, pero tardía: retengo a los italianos demasiados inteligentes para considerar su guiño de ojo a su público (sobre todo machista) como satisfactorio; su intento de recurrir a la complicidad de su electorado y a las simpatías en general –como decía el periódico ruso Komsomolskaia Pravda “realizando los sueños inconfesados de muchos varones italianos”- certifican su desfachatez y descaro, al mismo tiempo que nos ha mentido en varias ocasiones. Por eso, el problema persiste: Berlusconi ha convertido esta historia en una cuestión de “ética política”, donde resulta difícil colocar sus mentiras. No se trata de discutir la vida privada del presidente, sino de cómo él interpreta sus responsabilidades de gestión del país. Desde siempre el confín entre público y privado no parece marcado, sobre todo si se tiene en cuenta que él mismo ha conferido a su vida privada un carácter público, ostentando sus logros personales para alcanzar el éxito político, en un claro instinto de megalomanía y auto-celebración; ¿puede él mismo, con su “moral desviada”, decidir nuestra vida privada legislando sobre aborto, eutanasia, embriones o costumbres sexuales? Preocupa su doble moral, una especie de Jano, basada en “vicios privados y virtudes públicas”: ¿podemos creer a quien públicamente habla de familia, valores, ética, moral y luego actúa de forma, por lo menos, discutible? Y ¿si sigue mintiendo?

Concluyo diciendo, sorprendentemente, una cosa en su defensa: no se puede olvidar que, al fin y al cabo, tampoco ha hecho algo tan nuevo, ya que en Italia los lazos entre sexo y política, poder y libídine siempre han sido muy estrechos. En Roma nacieron las orgías y para saber lo bien que se lo pasaban en Pompeya, entre fauno y vírgenes, sugiero la visita al “Gabinete Secreto” del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, el ingreso a cuyos salones estaba permitido “a personas de madura edad y moral conocida”: nada nuevo bajo el sol…

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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