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España y su interminable campaña electoral

miércoles 29 de julio de 2009, 01:59h
Si el Presidente Zapatero no adelanta las elecciones (o prospera un voto de censura en su contra), aún faltan tres años para las elecciones generales en España. Sin embargo, los centros de investigación, encuestadoras y los mismos partidos políticos, se empeñan en extrapolar la intención del voto de los españoles de cara a los próximos comicios presidenciales, cuando el país se encuentra sumergido en una de las peores crisis económicas de su historia reciente.

Aún cuando el estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), atribuye precisamente a la crisis económica, un hipotético triunfo del PP sobre el PSOE con un ínfimo 1,2 puntos en las próximas elecciones, lo cierto es que probablemente a José Luis Rodríguez Zapatero le quedan 1095 días en la Moncloa, y que la diferencia porcentual arrojada por el CIS -si bien evidencia un cambio en la intención del voto a favor del Partido Popular-, es prácticamente un empate técnico, por más que, para un liderazgo como el de Zapatero que sólo es maquinaria electoral, cualquier traspiés en los comicios resulta particularmente inquietante.

Por más que se pueda argumentar que la gestión para controlar la crisis de Zapatero haya sido desastrosa,-basta con observar el índice de 4 millones de parados y el creciente número de empresas en quiebra-, aún queda mucho tiempo para las elecciones generales, demasiado como para destinar tanto tiempo y esfuerzos, en medir a qué candidato votarían los españoles en las siguientes elecciones: unas estimaciones más útiles para uso interno de los partidos que para una opinión pública más interesada en la búsqueda de respuestas para el tiempo presente.

Ese creciente número de personas desempleadas, que tras la crisis han comenzado a hurgar en los contenedores de basura o recurren a Cáritas para garantizar, aunque sea, un plato de comida diario, no piensan en banderas azules o rojas: lo que necesitan es que los responsables de la política en este país comiencen a realizar un debate serio, y carente de reproches, que permita el hallazgo de un consenso y de soluciones pragmáticas para resolver los problemas reales que les afectan dramáticamente.

Ha llegado la hora de que nuestros políticos dejen de malgastar saliva y dinero en banderitas y confeti, en esa eterna campaña presidencial, y se pongan en lugar de los millones de parados que todas las mañanas hacen fila en las oficinas del INEM.


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