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COBO, ENTRE GRANADOS Y GONZÁLEZ

jueves 30 de julio de 2009, 12:46h
Manuel Cobo, que es un político serio y cabal, un hombre honrado y eficaz, ha confirmado que le espiaron desde su propio partido. En su última rueda de Prensa ha utilizado un tono muy duro. A mí no me ha parecido ni exagerado ni equivocado. Tiene derecho a que un partido al que ha servido y sirve de forma leal y ejemplar le dé explicaciones.

      No citó a Esperanza Aguirre pero la etiquetó criticando su borrachera de poder. A Francisco Granados le dio la vuelta como a un guante. Disparó con la carabina de Ambrosio porque los tiros se dirigían contra el escondido Ignacio González. Como Granados se ve acosado por el procedimiento penal ha empezado a derivar la responsabilidad política del presunto espionaje hacia su vicepresidente Ignacio González, que es el brazo derecho, el brazo izquierdo, las piernas, las orejas y el cerebro de la presidenta de la Comunidad. Las uñas, no. Esas las utiliza Esperanza Aguirre con rara perfección.

      “Que diga lo que sabe, o al menos, lo que va diciendo que sabe”, ha exigido Manuel Cobo, harto de tanto disimulo, de tan reiteras hipocresías. Y, claro, a González se le han subido los testes al gaznate. El Partido Popular está dando un bochornoso espectáculo de rencillas intestinas. Sus dirigentes se navajean sin piedad. En este caso, la razón asiste a Manuel Cobo. El vicealcalde tiene derecho a que se aclare lo que ha ocurrido y a que se le pidan excusas. La tentación totalitaria del poder conduce muchas veces al espionaje para acumular datos y dañar al rival o al enemigo. En sano ejercicio democrático, la presidenta madrileña debe aclarar, antes de que lo hagan los Tribunales, si hubo espionaje o no, por qué lo hubo y qué objetivos tenía. Y a continuación pedir perdón, si fuera necesario, al político ofendido.

     

Luis María ANSON

de la Real Academia Española

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