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Análisis

España y Venezuela: ¿Relaciones peligrosas?

viernes 31 de julio de 2009, 09:40h
A un mes de haberse puesto en marcha la compra-venta de la filial venezolana del Banco Santander por un monto de 1.200 millones de dólares, el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, Miguel Ángel Moratinos, acompañado por una veintena de empresarios pertenecientes al sector energético, financiero, naviero y ferroviario español; ha buscado un mejoramiento de las relaciones hispano-venezolanas, que no sólo se han visto deterioradas por la negociación forzosa de la citad entidad bancaria, sino por el hecho de que un importante grupo de ciudadanos españoles radicados en ese país, se han visto directamente afectados por la ola expropiación de terrenos, instada por el presidente Hugo Chávez.
A un mes de haberse puesto en marcha la compra-venta de la filial venezolana del Banco Santander por un monto de 1.200 millones de dólares, el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, , acompañado por una veintena de empresarios pertenecientes al sector energético, financiero, naviero y ferroviario español; ha buscado un mejoramiento de las relaciones hispano-venezolanas, que no sólo se han visto deterioradas por la negociación forzosa de la citad entidad bancaria, sino por el hecho de que un importante grupo de ciudadanos españoles radicados en ese país, se han visto directamente afectados por la ola expropiación de terrenos, instada por el presidente Hugo Chávez.

La polarización de América Latina a causa de las democracias populistas que en los últimos años se han asentado en buena parte de la región, han creado una profunda atmósfera de inestabilidad que obliga a que los mercados más competitivos de Occidente, Europa y Estados Unidos, se replanteen sus líneas de negocio, tanto en Sur América como en Centroamérica.

Desde que el mandatario venezolano está en el poder, el interés de Europa por Venezuela ha mermado notablemente. La tendencia de Hugo Chávez de instaurar y reformar la legislación venezolana para beneficio único y exclusivo de su revolución, ha generado más inquietud que confianza en el seno de la comunidad europea; razón por la cual, países como Reino Unido, Holanda o Francia, que poseen fuertes intereses en el país suramericano dentro de área de energías e hidrocarburos, han mantenido los vínculos comerciales con el gobierno chavista prácticamente al margen, en parte, gracias a los convenios firmados en el pasado, que no han expirado.



Por lo que el acercamiento del ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, al presidente de Venezuela, si bien supone una iniciativa que busca resguardar el capital español en ese país, a la vez que pretende suavizar la tensión generada tras la transacción del Santander, a través de la concertación de jugosos acuerdos energéticos por un valor cercano a los 2.300 millones de euros; también puede significar un acto de imprudencia por parte de la diplomacia española.

La dinámica cambiante del contexto venezolano, a causa de la afición que tiene el Ejecutivo de Chávez de modificar a posta las reglas del juego, puede resultar un obstáculo enorme para la cuantiosa inversión española. Lo que en un día es una concesión millonaria para una compañía extranjera, a la mañana siguiente puede convertirse en una expropiación producto de una ley de nacionalización. Un panorama nada favorable para poner toda la carne en el asador como lo ha hecho Moratinos y más teniendo el handicap de las circunstancias de fondo que dieron lugar a la compra-venta de la filial venezolana del Banco Santander por parte del gobierno venezolano.

Dentro del circuito de la geopolítica iberoamericana, Venezuela se está convirtiendo en la manzana podrida de la cesta. Pese al carisma y al poder de convencimiento de Hugo Chávez, muchos líderes europeos e incluso latinoamericanos socialistas como Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil o Michelle Bachelet en Chile, prefieren guardar las distancias con el mandatario venezolano, debido a su empatía hacia las causas radicales de los grupos guerrilleros de la región, como por su visión anacrónica y personalista de la política mundial; que aún cuando le ha valido un importante séquito de aliados que van detrás de sus pasos, también le ha merecido un gran número de detractores, entre los que se encuentran el pleno de la Unión Europea.



España ha sido el único país de los 27 que se ha mostrado dispuesto a apretar el nudo del lazo diplomático con Venezuela, una nación cuyo concepto actual de gobernanza choca con los principios de democracia defendidos por la UE. Mientras Europa observa con cuidado los movimientos de Chávez, el gobierno español lleva a cabo un capital de riesgo en un país, cuyo gobernante no titubeó en vilipendiar la institucionalidad española en la Cumbre Iberoamericana de 2007; que no ha demostrado grandes dosis de injerencia en los asuntos internos de sus vecinos latinoamericanos, y que actualmente, es el protagonista de un escándalo internacional por la supuesta desviación de material militar sueco, propiedad del Estado venezolano, a la guerrilla de las FARC.

Ante esta coyuntura España deberá replantearse cuán acertado ha sido este acercamiento con el gobierno de Caracas. Sólo el tiempo desvelará el verdadero coste político y económico del apretón de manos de Moratinos a Chávez,.

La postura asumida por parte del jefe de la diplomacia española ha demostrado un gran ingenuidad de la realidad latinoamericana, en donde un importante grupo de países, instados por Venezuela, están llevando a cabo procesos políticos de índole autoritario, que buscan reforzar una identidad nacional, que tal como ocurrió durante la revolución cubana, rechaza y menosprecia la concepción occidental e hispánica de gobernanza que Iberoamérica heredó de Europa. Ante tal situación es necesario que España, como uno de los grande embajadores de la cultura latina en la región, abogue por los valores comunes que unen a Europa con América y no avale modelos políticos que contradigan dichos principios.