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Colombia y Venezuela: El escalamiento de las tensiones, ¿Tiene límites?

viernes 31 de julio de 2009, 18:24h
Nuevamente han vuelto a explotar las tensiones entre Colombia y Venezuela. Esta vez, fue por cuenta los señalamientos hechos por la aparición en poder de las FARC, de tres lanzacohetes de propiedad de las FFAA Venezolanas. La respuesta del Presidente Chávez fue inmediata: retirar su embajador en Bogotá. La decisión no sólo refleja el alto grado de tensión al que han llegado las relaciones entre los dos países. También pone sobre el tapete lo cerca que están de un serio enfrentamiento. En los hechos, el retiro del embajador se constituye en un paso anterior a la ruptura de relaciones entre dos países.

Pero no es la primera vez que el retiro de un embajador venezolano en Bogotá, se produce en las relaciones entre Colombia y Venezuela. En dos ocasiones anteriores, el gobierno venezolano había retirado su embajador en Bogotá. Primero, fue en enero de 2005, a raíz de la captura de Rodrigo Granda, por parte de autoridades colombianas, en suelo venezolano; y luego, el segundo se produjo cuando tres años después, en marzo de 2008, al otro día del bombardeo de aviones colombianos al campamento de Raúl Reyes en el Ecuador, que el gobierno venezolano consideró una agresión directa a la soberanía del suelo ecuatoriano.

Sin embargo, esta vez, la dura reacción de Chávez se produce en un contexto mucho más complejo y por razones más de fondo. Primero, reacciona ante el reconocimiento del gobierno de Álvaro Uribe de que está negociando con el gobierno de los Estados Unidos la instalación de bases militares de ese país en territorio colombiano. Y luego, la reacción fue mas dura cuando Venezuela es señalada por un supuesto apoyo de a las FARC. La reacción no pudo ser más dura: Chávez amenazó con una posible nacionalización de las empresas colombianas, si se producían nuevas “agresiones”.

En efecto, esta vez, Chávez apunto al punto más frágil: el empresarial. Según los reportes de los gremios colombianos de la producción y el comercio, las inversiones colombianas en Venezuela se encuentran en un estado de suma fragilidad. Tanto, que están pidiendo se resuelva la situación por vía diplomática y que no haya implicaciones en materia comercial. Ya no sólo están de por medio los más de 8 mil millones de dólares de comercio binacional, sino los millones de dólares que le adeudan a los empresarios colombianos y, sobre todo, la supervivencia de la propiedad de las empresas colombianas en Venezuela.

No es fácil la situación para el gobierno colombiano. Debe sopesar la alternativa de escoger entre profundizar en las denuncias contra Chávez y Correa como auspiciadores de las FARC, sabiendo que las consecuencias inmediatas pueden afectar duramente a los empresarios colombianos, o más bien esperar que las aguas bajen de nivel, para intentar –nuevamente- por la vía diplomática un compromiso de apoyo de los vecinos a la lucha contra las FARC.

Colombia debe reflexionar muy a fondo sobre la reacción que debe tener frente a las amenazas del Presidente Chávez. Sobre todo cuando hay dos elementos que complican más el panorama: 1) La decisión del gobierno de los EEUU de no generar enfrentamientos con el gobierno de Venezuela; 2) El eco que las decisiones de Chávez pueden tener en el gobierno ecuatoriano, particularmente en la afectación de los intereses del empresariado colombiano en el Ecuador.

El asunto es que está sobre la mesa la decisión de entregar las bases militares a los EEUU. Y ese es el problema real y de fondo. Y optar por una vía diplomática, le va a suponer al Presidente Uribe tener que declinar el ofrecimiento que le ha hecho al gobierno del Presidente Barak Obama. Difícil decisión, sobre todo en un momento en donde las tensiones están caldeando más y más el panorama y poniendo a América latina y Colombia en particular, en el centro de una situación conflictiva que amenaza con escalar cada vez más y que lejos de ayudar a salir de la crisis, nos va a terminar sumiendo en ella.

Pedro Medellín

Doctor en Ciencias Políticas

PEDRO MEDELLÍN es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de París

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