41 niños, 41 sueños rotos
sábado 01 de agosto de 2009, 17:41h
Estos días nos sobrecoge, una vez más, la brutalidad de la última ofensiva terrorista de ETA. Con el vil asesinato de dos Guardias Civiles en Mallorca nos recuerdan que, todavía, a estas alturas de siglo XXI, España sigue sufriendo la injustificable violencia terrorista. Si no hay idea política que merezca una vida, que el fanatismo nacionalista continúe rompiendo familias, segando ilusiones, aniquilando esperanzas, resulta lacerante para nuestro país.
La fortuna ha hecho que no hayamos tenido que llorar más víctimas mortales consecuencia del bárbaro atentado que la Casa Cuartel de Burgos sufrió el pasado miércoles. Quizá por mi propia condición de padre lo que me ha estremecido es pensar en esos 41 niños que dormían plácidamente y que se despertarían sobresaltados ante la salvaje explosión. Niños a los que seguramente ya habrían explicado la peligrosidad del trabajo de sus padres y madres pero que, por mucho que lo hubieran hecho, seguro que no imaginaban que un día iban a abrir los ojos y se iban a encontrar, literalmente, arrasado su marco referencial, su casa, su cuarto, sus juguetes. Niños que seguro recorren todos los arcos de edad posible y que soñarían, los más pequeños, con los Gormiti, la nueva película de Disney “Up”, las vacaciones en la playa recién terminadas o a punto de comenzar… Los mayores soñarían con el partido de fútbol que iban a jugar, la tarde de cine con sus amigos, los videojuegos, sus ídolos y, quien sabe, quizá con su primer amor…. Y, desde luego, en todo su mundo, aparece ese padre o esa madre que, como ellos, aunque quizá no sean del todo conscientes de ello, han estado a punto de perder la vida.
La noche del miércoles, esos 41 niños, además de salvar la vida, perdieron su inocencia. De repente, tengan la edad que tengan, se habrán hecho mayores. Han visto la muerte de frente y de ahora en adelante, nada será igual. Tendrán miedo, sufrirán cada vez que vean a sus padres y madres subir al coche patrulla, vivirán en la incertidumbre de que, esta vez, han escapado, pero quién sabe si la próxima vez tendrán que llorar de tristeza por los seres queridos vilmente asesinados.
Ojalá seamos capaces entre todos de que nunca más ningún niño vea su infancia interrumpida por la violencia terrorista. Ojalá sea nuestra democracia y el Estado de Derecho capaz de derrotar más pronto que tarde la irracionalidad terrorista. Ojalá que nunca más tengamos que asistir a ningún funeral y al ritual de condenas que todos los atentados terroristas generan. Ojalá que nunca más ETA logre su objetivo y que recordemos sus cincuenta años como la última vez que lograron su macabro propósito.
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Profesor de la UCM
Antonio López Vega es profesor de Historia Contemporánea de la UCM.
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