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Y ahora las pintadas

domingo 02 de agosto de 2009, 18:05h

Es un plan muy bien montado. Primero fue el intento de quema de un templo en la localidad madrileña de Majadahonda y después las pintadas anticlericales en los muros de una veintena de iglesias de Barcelona, que han sido reivindicadas por el grupo anarquista “La Gallinaire”, con motivo del centenario de la Semana Trágica. Señalamos que este grupo anarquista tomó el nombre de “La Gallinaire” para recordar a uno de los personajes más siniestros de aquella Semana Trágica, una mujer que fue la líder de un colectivo de féminas que aterrorizó al barrio barcelonés de Sant Gervasi. Una mujer que vejaba a religiosas a las que desnudaba para comprobar si escondían dinero o joyas de los templos entre los hábitos. Vamos, un emblema ejemplar para muchos.

Lo que más me ha sorprendido ha sido la reacción de la Generalitat catalana, que si bien califica la actuación como “una salida de tono de la pluralidad, democracia y modernidad que caracteriza a la sociedad catalana, no va a presentar denuncia alguna, hecho que deja en manos del Arzobispado”. Estas “benditas” declaraciones las hacía Monserrat Coll, de ECR, directora general de Asuntos Religiosos de la Generalitat. Y me han sorprendido, porque esperaba una reacción más contundente por parte del Gobierno autonómico, que aunque tiene que hacer todos los días carambolas a tres bandas, está obligado a defender los derechos de la sociedad catalana, que en su mayoría profesa la religión católica. Como ha dicho el Arzobispado de Barcelona: “El derecho a la libertad religiosa y de culto de los ciudadanos es un derecho fundamental reconocido en la Constitución española; su respeto y la defensa de su ejercicio es un elemento integrante de una sociedad auténticamente democrática”.

Hasta ahora, esperamos, los autores de estos hechos vandálicos en Majadahonda y en Barcelona, son minoritarios, pero no debemos obviar que están animados desde algunas áreas cercanas al poder, como muestran ciertos artículos en periódicos afines a Moncloa y que ha servido para que estos nuevos “bárbaros” como calificó, en su día a los suyos el luego arrepentido Alejandro Lerroux, hayan tomado como eslóganes frases como “la mejor Iglesia que ilumina es la que arde”. Frases que se leían en los panfletos dejados por el grupo anarquista catalán, junto a otras lindezas como “aunque en los templos haya más turistas que creyentes, la jerarquía católica sigue imponiendo su hipócrita moral” o “a iglesia apesta, aunque hoy no arda”.

Deseamos que vuelva la cordura, sobre todo en los que piensan acciones como estas. Los que las cometen ya sabemos que son fáciles de manejar. Por eso, los primeros son más responsables.

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