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¿Un final feliz para Camps y algunas reflexiones para los demás?

martes 04 de agosto de 2009, 01:37h
El presidente de la Generalitat de Valencia, Francisco Camps, junto a otros tres imputados de la trama valenciana del caso Gürtel, podrán decir oficialmente que están libres de culpas sobre el presunto delito de cohecho del que se les acusaba, y es que la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV) decidió el sobreseimiento de la causa.

Tras estar varios meses inmerso en el centro de una polémica cargada de trajes y de regalos, más o menos costosos, supuestamente financiados por la empresa organizadora de eventos, Orange Market, Camps, al igual que tres funcionarios de su comunidad, entre los que se encuentran el número dos del PP valenciano, Ricardo Costa, son a partir de este lunes, hombres libres de responsabilidad de los actos de corrupción que se les atribuía. Los imputados recurrieron la decisión del magistrado instructor en el TSJCV, que consideraba que los hechos podían ser constitutivos de cohecho impropio y pasivo. Y el recurso de apelación presentado dio un resultado acorde con sus pretensiones, por lo que la Sala terminó por archivar el caso. Así pues, causa finita est, a salvedad del pronunciamiento del Supremo ante el que ha apelado la Fiscalía del Estado.

Los hombres de este culebrón político, llamado caso Gürtel, en su edición valenciana, han logrado dar un carpetazo contundente pero no completo a un escándalo que ha sacudido seriamente las bases del Partido Popular, en la medida que su imagen ante la opinión pública española se ha visto seriamente afectada con esta trama de trajes, favores y corrupción. Y es que aunque el presidente de la Generalitat haya quedado exonerado, su imagen no logrará recuperarse del todo.

Por ahora, el sobreseimiento de la causa contra Camps y compañía, le da un respiro al PP, que quizá ayude calmar un poco las tensiones dentro del partido que, en estos tres meses, se ha visto involucrado en una peligrosa cadena de corrupción. Ahora habrá que esperar si el destino de los protagonistas de la edición madrileña del caso Gürtel, tendrá el mismo final feliz para los encartados.

Sin embargo, hay algunas cuestiones que emergen a raíz de este bochornoso incidente de la política. En primer lugar, que los funcionarios del Estado deben ser sumamente escrupulosos a la hora de aceptar regalos de personas físicas o jurídicas con las que mantienen relaciones institucionales. La reducida cuantía de los obsequios le puede convertir a uno en estúpido pero que no en honesto. En segundo lugar, también ha quedado en evidencia que la ineficacia y los niveles de burocracia de nuestro sistema jurídico, permite dictar sentencias mediáticas paralelas, cuya eficacia se antepone al juicio y veredicto de los tribunales. De modo tal que, cuando este llega, como es el caso, el daño está hecho y resulta difícil de reparar. En este contexto, algunos deberían responder también de montajes de esta calaña. En tercer lugar, además e independientemente del pronunciamiento jurídico y sin restarle un ápice de valor al mismo, los políticos, como hombres que son, deben saber que la opinión pública dicta también una sentencia que no es precisamente favorable a determinadas prácticas, como mínimo poco elegantes. Por fin –y sin restar valor a la afirmación anterior- hay en todo este asunto mediático demasiadas coincidencias en tiempo y forma. Demasiadas y demasiado sospechosas. Sobre todo, el tema de filtraciones sistemáticas e interesadas, además de un delito, apunta a un hecho posible y gravísimo, de demostrarse cierto: la utilización partidista de poderes e instituciones del Estado. Un problema de salud pública que no debe servir de coartada para ocultar nada pero que sería infinitamente más grave que las historias sórdidas y sonrojantes de trajes, zapatos, regalos y favores.

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