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“El asunto del Sahara es un conflicto que ha durado ya demasiado”

Víctor Morales Lezcano
martes 04 de agosto de 2009, 20:50h
El encabezamiento de esta columna es comentario que se atribuye al Mazjen -marroquí, naturalmente-. Y fue pronunciado cuando las tornas favorecieron en París (con Sarkozy) y en Madrid (con Rodríguez Zapatero) la tesis oficial de Marruecos sobre el futuro político-administrativo del Sahara occidental residenciado en Tinduf: “concesión al territorio de un estatuto de autonomía dentro del marco estatal del reino alauí”.

Ni la mediación de Baker en el contencioso, ni la operación de estadística poblacional de la ONU, con nombre de código Minurso lograron esclarecer la espinosa -y confusa- cuestión del número de ciudadanos sedentarios, seminómadas, y nómadas del todo, que poseerían derecho a ejercer el voto cuando se celebrara la consulta (¿referéndum de autodeterminación?, ¿plebliscito de la tesis marroquí?).

Las rondas que tuvieron lugar en la neoyorquina localidad de Manhasset en 2007-2008 de poco sirvieron a la causa de que se trata en este conflicto: la de conceder la independencia y el ejercicio de soberanía a la RASD (República Árabe-Saharaui Democrática) o bien, la de favorecer la inserción en Marruecos de la ex-provincia española.

No deja de ser una casualidad el hecho de que en los últimos seis meses, el secretario general de Naciones Unidas haya nominado a Christopher Ross -diplomático estadounidense de pura cepa, a lo que parece- en calidad de mediador -o amicabilis compositor- en el diferendo norteafricano.

De otra parte, obsérvese cómo la embajadora de Estados Unidos cerca de la ONU, Susana Rice, ha evitado referirse a la salida “autonomista” del túnel sahariano. Y como no hay dos sin tres, reténgase cuál ha sido el resumen de la aproximación diplomática del presidente Obama al asunto de marras: “Constituyamos una entidad con identidad propia, en un primer momento, y después ya veremos”.

O sea, hágase, constrúyase, una sociedad cuasi-civil, organícese una administración correspondiente, y una vez fabricado un país, real, abordemos de nuevo la cuestión. Sólo entonces, y nunca poniendo “el carro por delante de los bueyes”. Hábil formulación la de Obama, aunque sin lugar a duda alguna, no haya por qué ver visiones, ni ser pasto fácil de desvaríos interpretativos como los que se han podido escuchar y leer durante esta última semana en prensa impresa o internáutica. No estaría de más traer a colación unos pocos recordatorios:

a) El contencioso entre el Majzen marroquí y la nomenclatura del Frente Polisario -Abdelaziz Bujari, por ejemplo- viene dejando fuera del juego diplomático a Mauritania, lo que no es justo, puesto que Mauritania fue parte signataria de los mal llamados Acuerdos de Madrid (1975), junto con las autoridades española y marroquí de entonces. En rigor, habría que invitar al “tercer hombre”.

b) No va a ser tan fácil que la visión de África que ha lanzado al mundo Barack Obama, pueda servir de panacea para solucionar -entre otros problemas- los de naturaleza tribal, tan enraizados en África. A lo largo y ancho de los 284.000 km2 de todo el Sahara occidental, el prurito de pertenencia y de legitimación tribal está muy arraigado. La implantación de un estado-nación artificial no parece una solución factible a corto plazo, aunque haya ciertos rasgos identitarios incuestionables en la población saharaui de los campos argelinos de refugiados, y en la provincia sahariana que gobierna Marruecos.

c) Por mucho que el gobierno estadounidense deseara recortar el peso e influencia del factor francófono en el Magreb, no resultaría aconsejable iniciar ese itinerario, cuenta tenida del ascendiente que París sigue conservando en la “península” del Magreb. Guste esto, o no, en el madrileño Palacio de la Moncloa.

d) Rodríguez Zapatero, de seguir todo como se está planteando en este momento, habría de sopesar la conveniencia y oportunidad de un alineamiento con la tesis de Obama (“Constituyamos una entidad... y después ya veremos”), toda vez que París ha sido siempre un defensor del trono alauí -incluso en tiempos del Protectorado-. De otra parte, tanto Obama como el presidente de la República francesa, parece que no quieren mal a Rodríguez Zapatero. Pero, y.... ¿Marruecos?. ¿De qué lado se inclinará el presidente del gobierno de España en su próximo escorzo?


e) No habría que hacer juego de palabras, ni de paráfrasis a la carta, pero con respecto de Marruecos sí habría que subrayar la parte de acierto con que titulábamos esta entrega: “el asunto del Sahara es un conflicto que ha durado ya demasido”. ¡Ojo, Rabat!. No vaya a ocurrir que la salida del túnel sahariano se acelere, emprendiendo un itinerario incómodo, y que la frasecita se vuelva en contra de sus responsables.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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