Un artículo en The Economist
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 07 de agosto de 2009, 21:55h
El semanario The Economist publicaba la semana pasada un titular sobre lo que está sucediendo en España: when good politics is bad economics. El desastre económico que padece España es evidente y Moncloa se está quedando sin más recursos que la demagogia y cruzar los dedos esperando que escampe. Poco a poco, se escuchan algunas voces que advierten de que la situación podría estar tocando fondo en todo el mundo; ¿en todo el mundo? No, en España, un Gobierno –como la aldea de Astérix- insiste en eludir las reformas que son ya imprescindibles para que España vuelva a ocupar su puesto en la escena internacional, ese puesto que ha perdido después de cinco años de disparates políticos y económicos.
En efecto, el Presidente ha perdido la artillería y sólo le queda la pirotecnia. Ya no tiene munición, solo petardos. El Presidente tiene miedo de perder y confía en aguantar para que la recuperación coincida con las próximas elecciones. En este sentido, la política parece haber vencido a la economía.
Sin embargo, esto es solo aparente. Es difícil saber cómo reaccionará la opinión pública si la crisis se prolonga y la apuesta del Presidente es arriesgada. Churchill –perdónenme la comparación- perdió el poder después de haber derrotado al Eje. Victorias pasadas no garantizan éxitos futuros. Por otra parte, los problemas estructurales alargarán la crisis y demorarán la recuperación. Sigue siendo muy caro contratar y poco eficiente despedir; también lo es para el trabajador porque la prestación por desempleo se agota y si uno no ha encontrado trabajo se queda en una situación muy precaria. La mano de obra sigue teniendo carencias educativas que hacen difícil recolocarla y la formación para el empleo no alcanza a suplirlas. El deficiente sistema educativo español lastra el desarrollo de nuestra economía y merma su competitividad. No se trata sólo de los problemas universitarios –graves, gravísimos- sino de las terribles lagunas educativas de los estudiantes de secundaria. No se salvan ni las disciplinas humanísticas ni las científicas (ojo a la trampa: no hay Humanidades sin ciencia ni Ciencia sin una base humanística).
El sistema educativo no tiene sólo un problema de contenidos. Hoy, el estudioso carece de más incentivo que el familiar para esforzarse. Se anticipa así la realidad de buena parte del mercado laboral: el absentismo, la falta de productividad, la ineficacia no significan el cese de la relación laboral. Si nos vamos al sector público, la situación no mejora.
Así, las reformas que España necesita son más profundas que el despido libre que alega el Gobierno y que nadie pretende. La situación actual carece de horizonte si no hay cambios. España pierde competitividad, sigue con un mercado de trabajo rígido y la estructura económica del país no cambiará en poco meses como parecen prometer algunos planes del Gobierno. La apuesta por la educación no da resultados inmediatos, pero a largo plazo es muy rentable. La creación de empleo permite ahorrar fondos que ahora se gastan pero no se invierten. La tarea de un Gobierno no debería tener como único horizonte los cuatro años de una legislatura. Tal vez ese sea el problema: en España necesitamos estadistas, pero tenemos un Presidente que es… Bueno, ustedes lo van viendo.
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Analista político
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