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La Lega Norte y el nacionalismo padano

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 09 de agosto de 2009, 16:18h
Este verano, en Italia está haciendo muchísimo calor, condición climática desfavorable que está afectando a más de un exponente de la Lega Norte, el partido gubernamental que “custodia y preserva los derechos y privilegios del pueblo del Norte”, con la preocupante consecuencia de asistir a un “disparate al día”, como si fuera una especie de “sección” de entretenimiento. Si bien a veces se trata de “puros ejercicios de fantasía”, improbables e inaceptables, en otros casos, son verdaderos artificios políticos que animan la escena política nacional y obligan a reflexionar sobre la degradación actual italiana. Todo esto empezó hace algunos meses (años diría yo, teniendo en cuenta la aparición de este partido en la arena política italiana) cuando los ministros y militantes de la Lega sintieron el deber de proponer una modificación de la Constitución y reformar algunas leyes nacionales. Sin embargo, este proceso ha ido acelerándose en las últimas semanas y de forma lamentable.

En varios países del mundo –España incluida- hay disparates autonomistas o localistas, pero Italia como siempre intenta distinguirse y la Lega ofrece una gama de cambios tan fatua como surrealista. A la hora de enumerar estas propuestas-despropósitos, renunciamos a cualquier orden, lógica o criterio temporal: todo sobraría, como las proposiciones mismas. Todo empezó con la institución de las “rondas de voluntarios que patrullen las ciudades para evitar las violaciones”, fruto del clamor racista y la algarabía mediática a la que decidió sumarse demagógicamente el Gobierno. De esa manera, se traslada la seguridad y el monopolio de la violencia a los ciudadanos, permitiendo, de hecho, el patrocinio de las rondas por parte de personas físicas y jurídicas particulares. Luego, surgió la preocupación de salvaguardar la “cultura e identidad” del Norte Italia, amenazada por tantos profesores y maestros provenientes del profundo Sur: por eso, la Lega ha planteado la necesidad de instituir un examen de dialecto y otro de conocimiento “de la historia, cultura y tradición” de la Región para poder ejercer o continuar en el ejercicio de la enseñanza o para poder trabajar en el Norte del país. Sucesivamente, dentro de la Comisión de Defensa, los leghistas han avanzado la idea de dividir las fuerzas armadas nacionales, creando un ejército del Norte y limitando el acceso a algunos tipos de fuerzas a gente manchada del pecado de haber nacido en el Sur. Finalmente, se ha propuesto de reformar el artículo 12 de la Constitución, que establece: “La bandera de la República es el tricolor italiano: verde, blanco y rojo en tres franjas verticales de la misma anchura”. La idea es que se le acompañe con las banderas y los himnos regionales, dotándolos del mismo valor y finalidad. Las banderas de las 20 regiones italianas gozarían de par rango de la nacional.

Pese a considerar las banderas, los himnos y muchos “símbolos patrios” como antiguos, anacrónicos y de dudosa utilidad, considero absurdo que se siga debatiendo la posibilidad de crear barreras dentro del país, de fragmentar la unidad cultural y desaprovechar un factor de riqueza cual es contar con la diversidad, con tradiciones literarias, de pensamiento y lingüísticas de otras partes de Italia. Las identidades regionales deben ser valoradas siempre y cuando representen una manera para enriquecer la cultura local y no representen un factor excluyente. Si no, ¿por qué no dar seguimiento a la carta de Claudio Magris a la Ministra de Instrucción? (que si no conoce algunos de los personajes citados en la carta, venga sin vergüenza pregunte a alguien, aunque sea del Sur!) A la luz de las propuestas de la Lega, el escritor y senador sugiere enseñar la literatura, la ciencia y la cultura en general sobre la base regional: de esa manera, Dante, Leopardi, Manzoni o Verga no deberán ser enseñados en el Norte, mientras Galileo será estudiado sólo en Toscana!

Preocupa que las propuestas de la Lega, pese a parecer en la mayoría de los casos como “folklóricas” o irrazonables, entren en la agenda política del Gobierno. Además habría que recordar a los representantes de la Lega en el Parlamento de Roma que “dura lex, sed lex”: en caso de aplicación de esta absurda “habilitación”, les tocará someterse a un examen de “conocimiento del romanesco y de la historia de la región”. ¡Ánimo con los Siete Reyes de Roma y toda la historia imperial! No me extrañaría que luego pidiesen ser trasladados a Novara! La gravedad del problema consiste en el hecho de que las propuestas de la Lega parecen animadas por tonos anti-unitarios, elementos racistas y discriminatorios que alimentan el espíritu secesionista, la fractura Norte-Sur de un país ya profundamente dividido. Los confines territoriales y administrativos se convierten en las barreras identitarias del país, centrifugando el localismo itálico y creando autonomismos artificiales. Detrás de la idea de un Norte Italia “sin terroni o inmigrantes” o de un “federalismo disfrazado”, reside la voluntad de crear un clima político caótico y desunido, convirtiendo el Estado de Derecho en Estado de “excepción”. Mientras la Lega Norte apuesta por un “nacionalismo-regionalismo degenerativo”, aislar los territorios, defender al extremo las propias pseudo-raíces culturales (¿no vivimos en la época de la globalización?) demuestra la incapacidad de considerar Italia como un país único. Triste que después de más de un siglo aún sea verdadera la frase de Massimo D’Azeglio: “Hecha Italia, habrá que hacer a los italianos”.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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