La ofensiva contra ETA debe intensificarse
lunes 10 de agosto de 2009, 09:07h
Palma de Mallorca sufría por segunda vez este verano un ataque terrorista. Afortunadamente, en esta ocasión, no ha habido que lamentar desgracias personales, y los daños materiales inmediatos no han sido excesivamente cuantiosos. No obstante, resta por saber el efecto que estos últimos tendrán en quienes tuvieran pensado acudir a Baleares en los próximos días, sobre todo desde fuera de España. Pero por encima de lo execrable en sí que pueda resultar cualquier salvajada de este tipo, resulta preocupante la nueva dimensión que ha adquirido ETA con su particular “campaña de verano”.
Y es que, si ya de por sí es complicado montar una infraestructura terrorista en una gran ciudad, lo es todavía más hacerlo en una isla. Máxime, si se tiene en cuenta que en ella veranea la Familia Real, con lo que ello conlleva de vigilancia extra. La lectura que cabe extraer de todo ello es tan obvia como preocupante: ETA sigue muy viva. Bien es verdad que sus militantes tienen un paupérrimo bagaje intelectual en comparación con los terroristas de hace años, y que tardan mucho menos en ser detenidos de lo que lo eran sus predecesores, pero es un hecho que el nacionalismo radical vasco sigue conservando intacto el vivero de potenciales asesinos del que nutre sus filas la banda terrorista. ETA puede estar significativamente más débil, cierto, pero mientras siga existiendo, continuará haciendo lo único que sabe: matar y destruir. Conserva la esperanza de que, con sus atentados, el gobierno de turno vuelva a caer en la trampa de ofrecerles su única tabla de salvación: una mesa de diálogo. En el momento en que las fuerzas políticas hagan ver a ETA que no hay esperanza posible de claudicación, porque un Estado de Derecho no puede tener como interlocutor válido a aquel que mata a quienes piensan diferente, se habrá dado un paso decisivo.
Entretanto, el Estado debe seguir apretando el cerco policial, judicial, económico e internacional. Se está en el buen camino pero hay todavía mucho que hacer en varios de esos frentes. No basta con expulsar a ETA del espacio político. Hay que dejarles sin oxígeno social, echándoles también del espacio público. Como se hizo anteayer en San Sebastián.