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Hechos sagrados

sábado 15 de agosto de 2009, 18:10h
Timothy Garton Ash, uno de los más conocidos intelectuales públicos en el Reino Unido, cita en su nuevo y tercer libro de ensayos, Facts are Subversive (Los hechos son subversivos) la famosa frase del periodista C.P. Scott “los comentarios son gratis, pero los hechos son sagrados.” Si hubiéramos conocido los hechos reales acerca de las armas de destrucción masiva, supuestamente en manos de Saddam Hussein, es probable que el parlamento británico no hubiera votado a favor de la guerra con Irak y tal vez la administración de George W Bush hubiera cambiado sus planes. En este caso, la historia de la última década hubiera sido muy diferente.

El libro (publicado por Atlantic Books, Londres) de Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford y conocido en España por sus columnas semanales en El País (originalmente publicadas en The Guardian), esta dedicado a Ralf Dahrendorf, el politólogo alemán-ingles que falleció en junio, y incluye ensayos sobre Isaiah Berlin y George Orwell. Son tres personas cuyo concepto de libertad, tolerancia y liberalismo han influenciado en el autor.

Los ensayos y comentarios de Garton Ash son, en palabras de George F Kennan, el diplomático americano y figura clave en la Guerra Fría (autor de la doctrina de contención), “historia del presente.” Dice el autor que “no hay nada como estar en el lugar” para poder combinar al testigo presencial con el análisis histórico. Es un historiador/ reportero.

El libro reúne algunos de sus escritos y conferencias desde 2001 y está dividido en siete partes: las llamadas Revoluciones de Terciopelo; Europa; Islam, terror y libertad; los Estados Unidos; Más allá del Occidente (Burma, Irán, Brasil); Escritores y, por último, una sección llamada “Envoi.” Piensa y escribe con claridad: su prosa es transparente.

Garton Ash se define como un liberal en el más amplio sentido, pero esto no quiere decir que mire a los toros desde la barrera. Escribió en contra de las invasiones de Checoslovaquia y Afganistán por la Unión Soviética, en contra de las intervenciones americanas en Nicaragua y El Salvador, a favor de la intervención militar en Bosnia y Kosovo y a favor de la guerra en contra de al-Qaida en Afganistán. Con respecto a Irak, no apoyaba la guerra y admite su error en no haber opuesto con más fuerza la invasión desde el principio porque daba demasiado crédito a los “fact-fixers” (literalmente apañadores de hechos) de Tony Blair. Otro rasgo admirable de Garton Ash es su honestidad.

Bush consultó a Garton Ash antes de hacer su primera gira por Europa en 2001. Pasó dos horas con él. No escribió sobre la conversación hasta este año, probablemente por órdenes de la Casa Blanca. Describe a Bush como una mezcla de “caballero de la costa oeste, un vaquero/cowboy tejano que dispara sin apuntar” y una persona insegura.

Garton Ash ha ayudado a restaurar el buen sentido de la palabra liberalismo, que en los últimas dos décadas ha sido objeto de abuso en Occidente por la derecha. Dice el autor que “llegó a convertirse en un término despectivo, denotando una especie de matrimonio impío entre gobierno grande y fornicación.”

Uno de los comentarios (La Alambra) escrito en 2005 trata de España después del 11-M. El título viene de un restaurante en Lavapiés frecuentado por algunos de los Islamistas involucrados en la masacre y no del palacio nazarí en Granada. Hablando con la gente sobre terrorismo y inmigración, Garton Ash vislumbra “una sociedad acercándose a un momento clave del cambio” (se entiende negativo). Cuatro años más tarde esto, afortunadamente, no ha sucedido.

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