El gobierno iraní quiere vender apariencias sin cambios reales
lunes 17 de agosto de 2009, 02:33h
El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad anunció por televisión que nombraría a dos mujeres para su gabinete, las cuales serían las primeras ministras en formar parte de un gobierno en Irán desde la Revolución Islámica de 1979. La última ministra anterior a la Revolución, Farrokhroo Parsay fue ejecutada bajo cargos de corrupción después que los islamistas tomaran el poder. El anuncio parece buscar el apoyo de las mujeres iraníes, quienes participaron activamente en las pasadas elecciones. Sin embargo las dos nominadas, Marzieh Vahid Dastgerdi y Fatemeh Ajorlu que se encargarían de los ministerios de Sanidad y de Seguridad Social respectivamente, pertenecen también al ala dura y conservadora de la política iraní.
La intención de Ahmadinejad de lograr el favor de un sector de la población y acallar en parte las críticas a su gobierno no logrará su objetivo. La actitud autocrática del presidente de la República Islámica demuestra con cada acto su rechazo a llevar a cabo reformas sociales y políticas, así como la imposibilidad de cualquier tipo de diálogo. El gobierno iraní ha expandido el juicio masivo de opositores incluyendo este domingo a veinticinco acusados más, sumando un total de 135 detenidos. Entre los acusados se encuentra un ex vicepresidente y otros antiguos funcionarios gubernamentales, académicos norteamericanos y franceses como Clotilde Reiss, empleados de las embajadas británica y francesa, y reporteros de la revista estadounidense Newsweek, a quienes se les acusa de conspirar contra el régimen teocrático islámico. Uno de los nuevos detenidos, Yaghoghil Shaolian, pertenece a la pequeña comunidad judía de Irán, y se le acusa de ser un activista opositor, a pesar de no demostrar dichos cargos. El juicio de Shaolian sería el primero a un judío desde el año 2000, en que se acusaron a varias personas de ser espías para Israel.
A la par que esto ocurre, el candidato opositor, Mir Hussein Moussavi , anunció la formación de un nuevo movimiento político y social, más no de un partido que requeriría de la autorización gubernamental, que se llamará “El camino verde de la esperanza” en alusión al color verde utilizado en su campaña. Este intento de Moussavi de mantener una oposición corre varios peligros. Algunos magistrados lo han acusado de tener vínculos con grupos que conspiran para derrocar al régimen y, en cuanto a sus críticas sobre los juicios masivos, han afirmado que cualquier crítica de este orden será procesada judicialmente también.
Así, los seguidores de Moussavi, y muchos otros iraníes que quieren un poco de libertad y democracia en su país, se enfrentan por un lado con su deseo de continuar ejerciendo presión a un gobierno represivo e intolerante y, por otro lado, al temor a ser arrestados, torturados y enjuiciados, como le está ocurriendo a tantos opositores. La decisión no parece fácil para los ciudadanos de Irán.