www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Toros por La Paloma

José Suárez-Inclán
lunes 17 de agosto de 2009, 18:49h
15 de agosto. La Virgen de agosto. Celebrada con tantos nombres como diosas pudieron presidir esta tierra madre y exhausta de los soles maduros del verano, gobernando el final de las cosechas, complaciéndose en las uvas que ya prometen el oro y la sangre de los vinos. Como las luces trágicas de los toreros. 15 de agosto en Madrid, donde la Virgen va del cielo a la tierra, de la tierra al cielo con el vuelo doméstico, mitad ciudadano, mitad campesino, de la Paloma. Toros de Mª Carmen Camacho, de encaste Núñez, en Las Ventas, para un extremeño reaparecido —Juan Mora—, un cordobés mal olvidado —José Luis Moreno— que abrió la puerta grande de Madrid otro 15 de agosto, hace más de diez años, y un sevillano toricantano y dinástico —César Girón— nieto y sobrino de aquellos Girones venezolanos que iluminabas las arenas españolas hace unas décadas.

Suena Gallito al paso lento y solemne de la procesión de luces y azabaches en plaza exigua de público, hoy más local, cabal y entusiasta, porque “también la gente del pueblo tiene sus corazoncito”. Aplausos al hijo pródigo de Plasencia mientras Girón se apretaba la montera de confirmar.

Las ansias le echaron al de la confirmación encima y en la 2ª verónica quedó César enganchado en los pitones, el percal en medio, sosteniéndose entre zarandeos. Y aunque volvió del suelo a rematar con media revolera, no se había de quitar los nervios hasta el final de la tarde. Y ni siquiera. Iniciaba en el 1º el muletazo con corrección y gusto, pero no salía de los remates, no sometía la cara del oponente, noble y justo de fuerza, al que Juan Mora había quitado del caballo con la calma que da la edad y la despaciosidad que lleva dentro: tres verónicas de sabor múltiple, como los frutos de su tierra, con el temblor japonés de los cerezos. Sin embargo Girón parecía verde. Como los tallos de la economía.

Los brazos bien jugados, piernas en compás, adelantada la contraria… así andaba Mora quitando al 2º, pero el toro topaba y se estampanaba —¡toumb, toumb!— una y otra vez en el percal. Luego lo desarmó, lo persiguió y huyó haciendo quiebros al burladero del 7, dejando reojos en el aire caliente y cierta torería en el vestido turquesa. ¡Vaya doblones en el recibo de la muleta! Morante, Aparicio, Mora… Toro toreado, muy toreado; tiempo esculpido. Redondos largos como los oles. Pero no ligó. Tardeaba el toro de media embestida y punteaba la tela cuanto podía.

JL Moreno bajó las manos al 3º en el centro del ruedo, se estiró y se ciñó al toro hasta transformar la verónica en delantal. Después culminó el quietismo resbalando, cayó al suelo y se cubrió la cabeza con las manos como una momia culpable. Pero volvió a cargar en el quite por tafalleras cuidadas y con revolera serena, como cordobés que era. Y siguió con Córdoba en los ayudados y trincheras de inicio, hasta que lo tomó en el tercio, lo embarcó con su mano derecha y sonaron los primeros oles. Hubo más oles para su toreo medido y pausado. Lástima que el noble animal doblase dos veces en los remates. Pero los desplantes finales pasmaron los fantasmas de la plaza, que le concedió una oreja mientras sonaba “Venta del Batán” en el palco 29. Siempre se torea bien en Madrid el día de “La Paloma”. Como lo hizo Juan Mora en el 4º, con su capote amplio, de viaje largo y reposado —oles rotundos— y revolera plana de vuelo bajo. En la muleta se le amorcilló en las manos.

El ensabanao salpicao y medio capirote que salió 5º se llevó un quite con majestad, y como se metía dentro de la muleta, Moreno atisbó —como entonces— la puerta grande, pero en el primer desmayado desdeñoso el toro se fue a la arena y se oyó el cerrojo encajarse en los goznes de aquella misma puerta. Sonaron “Los Nardos” tras el arrastre: un homenaje madrileño al toreo de aroma que los diestros veteranos habían dejado en la arena.

Al 6º —un mes le faltaba para los seis años— lo recogió Mora en el quite con delantales y una media de gracia apenas contenida, casi en desborde. Se quería quitar los nervios el sevillano Girón en la muleta, pero ni la muñeca ni los zapatillazos valieron, porque la noche ya estaba hecha trizas. Mejor: girones.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios