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Las conmemoraciones de la Derecha

José Manuel Cuenca Toribio
lunes 17 de agosto de 2009, 19:14h
Algunos lectores conocen y otros –los de acezante curiosidad- habrán leído quizás algunas de las muchas páginas que el cronista ha emborronado acerca de la situación de la cultura de índole conservadora en la España actual. No hay, empero, excesivo temor a la repetición, ya que la materia se ofrece amplia y los comentaristas escasos, dado el poco o nulo interés mostrado por la sociedad española hacia unas manifestaciones artísticas, literarias e ideológicas que atesoraron en otro tiempo la mayor parte del espíritu creador y de la capacidad intelectual e inventiva de nuestros antepasados remotos y próximos, pero que hodierno carecen de presencia y eco en la vida nacional.

De ahí que, por más pesarosa que sea y más denuncie la incuria cultural del presente hispano, no quepa sorprenderse de la ausencia de conmemoraciones y celebraciones en torno a figuras alineadas -muchas veces de manera rutinaria o frívola, pues el talante del auténtico artista o pensador suele ser difícilmente encasillable- en el universo mental del conservadurismo, en tanto se prodigan ad sacietatem las concernientes a personajes menores y mayores de la cosmovisión “progresista”. Y ello sin distinción ni acepción de gobiernos. En la etapa aznarista, la casi totalidad de las grandes exposiciones y acontecimientos de ámbito y resonancia nacionales estuvo “comisariada” –horresco referens…- y desarrollada en sus simposio y conferencias por integrantes, en su inmensa mayoría, de la intelectualidad de filiación “progresista”, con claro marginamiento tanto de las efemérides como de los autores de índole tradicional. Como era lógico, advenida la actual situación política, nada cambió en tal panorama. Al igual que sucediera en el periodo anterior, las evocaciones que de pascuas a ramos se hicieran de las personalidades inscritas en la órbita conservadora tuvieron más de trámite forzado que de otra cosa, reservándose fastos y pompas para los que en vida militaron doctrinalmente en otro campo. A las veces, se incluyeron en el primer haz –más exacto sería quizá decir “lote”…- escritores de adscripción dudosa, sacrificados empero al maniqueísmo hispánico. Así ocurrió, v. gr., con Juan Valera, cuyo centenario transcurriese en la mayor de las orfandades, con una conmemoración ejemplo de convencionalismo, sólo loable, pero insuficientemente contrapesada por el esfuerzo que hicieran las autoridades de su pueblo natal por tributarle un exvoto condigno a su magna obra.

Con ser penosa la relegación de las creaciones y autores inspirados por una cosmovisión tradicional de la existencia humana, aún lo son más, según acaba de señalarse, la atonía y formulismo con que de ordinario se reverdece por un instante su recuerdo al hilo de centenarios y reviviscencias oficiales. En un gran número de casos, su memoria es invocada y se traza su semblanza por plumas y voces sin ninguna empatía y hasta muy menguada simpatía por sus trabajos e ideario, provocando así frecuentes y patéticos espectáculos de oprobio e irrisión, con tergiversaciones y deturpaciones que, un país de mínima sensibilidad cultural e histórica, darían lugar a verdaderos escándalos con secuelas políticas de alcance.
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