Afganistán: elecciones en medio de una guerra
jueves 20 de agosto de 2009, 05:53h
Este jueves 20 de agosto se celebran elecciones en Afganistán en medio de amenazas por parte de los talibanes, en un ambiente de violencia para atemorizar a los ciudadanos afganos, en un intento indisimulado de alejarles de las urnas. En los últimos días, se ha incrementado el número de atentados, principalmente en la ciudad de Kabul, como el ocurrido el sábado pasado frente al cuartel general de la OTAN o días después al palacio presidencial. Todo esto ocurre a pesar del significativo incremento de tropas estadounidenses enviadas ahí por el presidente Obama.
Treinta y ocho candidatos presidenciales, incluyendo dos mujeres buscarán obtener el voto de 17 millones de ciudadanos registrados que sobreviven en un mundo en guerra, miseria y analfabetismo. El presidente actual Hamid Karzai parece el candidato más probable de ser electo, aunque debe obtener un porcentaje mayor al 50% para evitar ir a segunda vuelta. Sin embargo las condiciones en que ese país asiático vive pronostican una baja participación electoral. Los talibanes han amenazado con atacar centros electorales e incluso cortar el dedo de aquellos que hayan ido a emitir su voto. Este sólo hecho ya inhibe a muchos a acudir a elegir a su representante, sin embargo existen otros elementos que pudieran explicar una baja participación. La situación geográfica montañosa y la falta de infraestructuras de vías de comunicación dificulta a los residentes en poblados remotos acudir a los colegios electorales.
Más grave aún es una reciente ley presentada por Karzai y ya aprobada que, entre otras cosas, establece que las mujeres no tienen derecho a salir de casa sin el permiso del marido, con lo cual se puede prever poca participación femenina, la cual fue importante después del derrocamiento del régimen taliban. Esta legislación da un paso atrás a los pocos derechos y libertades que las mujeres afganas habían conseguido. Por otra parte, muchos afganos desconfían del actual gobierno, el cual no ha llevado a cabo el diálogo prometido con los líderes talibanes y otras fuerzas opositoras, y se le vincula con las fuerzas extranjeras, en particular con la administración Bush, de las cuales no se fían. Ejemplo de ello, es el caso del líder tribal Abdul Wahid Baghrani que se unió al gobierno en 2005 bajo el programa de reconciliación, el cual se siente marginado al igual que otros como él, y que además perdió a su hijo, cuando helicópteros británicos ametrallaron el coche en el que viajaba.
Así, las elecciones en Afganistán se presentan complicadas ante el miedo, violencia, divisiones políticas, pocos derechos para las mujeres, escasa educación, acusaciones de corrupción y carencia de una cultura democrática que dista mucho de conseguirse. Pero, con todo, es casi milagroso que los afganos tengan, por fin, el derecho a expresarse con cierta libertad.