Marruecos
Mohamed VI quiere extirpar la corrupción institucional
martes 25 de agosto de 2009, 08:49h
El rey de Marruecos ha sorprendido a propios y a extraños. En un discurso conmemorativo del aniversario del levantamiento armado contra la colonización francesa, y que el régimen hace coincidir con su propio cumpleaños, Mohamed VI ha decretado una reforma en profundidad del sistema judicial, a la que quiere asociar las organizaciones de la sociedad civil y los profesionales.
El rey de Marruecos ha sorprendido a propios y a extraños. En un discurso conmemorativo del aniversario del levantamiento armado contra la colonización francesa, y que el régimen hace coincidir con su propio cumpleaños, Mohamed VI ha decretado una reforma en profundidad del sistema judicial, a la que quiere asociar las organizaciones de la sociedad civil y los profesionales.
Tradicionalmente el discurso real del aniversario del 20 de Agosto, se limitaba a un autoensalzamiento de las realizaciones políticas llevadas a cabo por el régimen, y a trazar algunos objetivos de futuro. Tanto Hassan II como su sucesor Mohamed VI solían reafirmar « la marroquinidad del Sahara », su voluntad de « recuperar la unidad nacional » que sobrentendía la anexión de « los presidios de Ceuta, Melilla y las islas adyacentes, ocupadas por España », y su deseo de proseguir las reformas « en beneficio del pueblo ». Discursos de autobombo y de exaltación patriotica, que enardecían a los funcionarios y se traducían en pocas o ninguna medida destinada a mejorar la vida de sus súbditos.
Esta vez, Mohamed VI ha cogido por sorpresa a su auditorio. Aunque ha insistido en que « la Justicia incumbe al Emir de los Creyentes » y en que « el Rey es el Garante de la independencia del poder judicial », lo cual no deja de ser una contradicción ya que el mismo Rey es el primer financiero y promotor industrial del país, también ha puesto de relieve su voluntad de « moralizar la Justicia para preservarla contra las tentaciones de la corrupción y los abusos de poder », y permitirle, de este modo, « contribuir con sus propios medios a la moralización de la vida pública ».
La gangrena de la corrupción institucional es uno de los frenos más importantes para la modernización del país, y un escollo insalvable para iniciar un proceso de transición política democrática en Marruecos. Las cárceles del Reino están repletas de decenas de miles de ciudadanos que sobreviven en base a hurtos, estafas y violencia. La aplastante mayoría procedentes del mundo de la pobreza y la marginación. Aparte de algunos casos emblematicos, producto más de ajustes de cuentas que de « la igualdad de los ciudadanos ante la Ley », la corrupción, el saqueo de los bienes públicos, el narcotráfico y los abusos de poder, quedan totalmente impunes.
La reforma de la Justicia junto a la de la Administración son dos tareas aún por hacer en el Marruecos independiente. Abderramán Yussufi se las propuso ambas a Hassan II cuando éste le designó como Primer ministro a mediados de los años 90. El rey aceptó, pero no dio a su Jefe de gobierno los medios para llevarla a cabo. La Justicia era, como lo es aún, un apéndice de la poderosa maquinaria del ministerio del Interior. Mohamed VI, a diferencia de su padre, quiere dar los medios al gobierno para que la reforma se lleve a cabo.
Amina Buayach, presidenta de la Organización Marroquí de Derechos Humanos (OMDH), ha puesto de manifiesto una novedad en la propuesta real: la de asociar a las organizaciones de la sociedad civil « en el control y el seguimiento de la cuestiones relativas a la Justicia ». Es decir, cambiar el mecanismo. Hasta ahora la Justicia es sólo un sistema de coerción sobre los ciudadanos. El objetivo es que éstos participen en su control.
Algo que Abdala Saaf, presidente del Centro de Estudios y de Investigaciones en Ciencias Sociales, califica de « nuevo concepto », y que « rompe con las prácticas negativas y contribuye a la apertura del aparato judicial hacia la sociedad ».
En el mismo sentido ahonda el Secretario general del Consejo Consultivo de Derechos del Hombre, Mahyub El Haiba, que pone de relieve la novedad que consiste en proponer la constitución de dos instancias : una consultiva y representativa, y un Observatorio nacional de la criminalidad.
« Esta va a ser, de lejos, la reforma más difícil de las emprendidas por Mohamed VI desde su acceso al trono hace una década », afirman fuentes políticas marroquíes a El Imparcial. « Pero también podría ser la más indicativa del comienzo de una Transición democrática y modernista del país ».