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La educación política

Enrique Aguilar
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miércoles 26 de agosto de 2009, 19:23h
La editorial Katz, de Buenos Aires, en convenio con la institución norteamericana Liberty Fund, acaba de editar la versión en español de una obra maravillosa, La voz del aprendizaje liberal (The Voice of Liberal Learning), que recopila trabajos del pensador inglés Michael Oakeshott (1905-1990) originalmente reunidos en 1989.

Con Prólogo e Introducción de Timothy Fuller, quien fuera responsable también de la compilación, la obra contiene una serie de ensayos sobre educación que, en su momento, vinieron a sumarse a un debate ampliamente instalado y que hoy, pasadas dos décadas, nos resultan no menos pertinentes.

Entre estos ensayos formidables quiero referirme tan sólo al titulado “La educación política”. Para Oakeshott, “la actividad política es impracticable sin un determinado tipo de conocimiento y una determinada clase de educación” que no son, por consiguiente, o no deberían ser vistos como meros apéndices de esta actividad sino como una parte sustantiva de ella.

¿Qué tipo de conocimiento y qué clase de educación? Ante todo, sostiene Oakeshott, el conocimiento de la tradición política que es propia de cada sociedad, vale decir, su manera concreta de vivir, una herencia “en la que tenemos un interés vital” y cuyo estudio se extiende a lo pensado y dicho sobre ella, la “leyenda” que cada sociedad construye sobre sus aciertos. Además, la educación política requiere conocer la forma en que otras sociedades se ocupan de sus respectivas organizaciones políticas. Y por último debemos conocer la filosofía política, la reflexión sobre las ideas generales que están relacionadas con la política.

Por cierto que a los fines de una buena educación política es menester agregar otras tantas ramas del saber. Pero lo dicho constituye para Oakeshott la parte medular, “el conocimiento sin el cual no podemos hacer uso de nada de lo que podemos haber aprendido”. ¡Qué bueno sería que la generalidad de los políticos poseyera una formación medianamente respetable y cimentada ante todo en el aprendizaje de la historia propia, la historia ajena y la reflexión filosófica. Seguramente se incurriría en menos errores, se cometerían menos torpezas y, eventualmente, nos libraríamos de ser engañados “por declaraciones ambiguas y argumentos irrelevantes”.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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