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Sorolla, Sargent y la sombra alargada de Velázquez

Javier Rupérez
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jruperezelimparciales/9/1/9/21
miércoles 26 de agosto de 2009, 19:30h
Joaquín Sorolla (1863-1923) y John Singer Sargent (1856-1925) fueron estrictos contemporáneos, buenos amigos, pintores famosos, excelentes retratistas, a ratos competidores en la carrera por el arte, el dinero y el reconocimiento. Fueron también confesados admiradores y discípulos de Velázquez. La deslumbrante exposición antológica que el Prado dedica al pintor espanol, y que tanto y tan bueno enseña sobre su obra, sirve tambien para recordar esa conexión con el americano expatriado. Cuya facilidad para el genio era tan evidente que sus mismos admiradores acabarían por reprochársela, considerándola culpable de no haber alcanzado el parnaso de los dioses consagrados. Contemplando hoy su obra, en algunos aspectos tan próxima a la de Sorolla, cabria apuntar un firme disentimiento Sargent: llegó muy alto. Como también lo hizo Sorolla, durante mucho tiempo asociado en exclusividad a la imagen soleada y neoclásica –a su modo impresionista- de las playas mediterráneas.

Tanto Sorolla como Sargent citan Las Meninas de forma casi literal en los retratos de grupos familiares, a su vez tan próximos entre ellos que sin exageración se podria presumir el intenso cruce de influencias o casi la copia. En la exposición del Prado los retratos de la familia del pintor en interiores y algún otro conjunto familiar –el de la familia del embajador chileno en España, por ejemplo- evoca inmediatamente la poderosa traducción velazqueña que Sargent obtuvo al pintar las cuatro hijas de Edward Barley Boit –un lienzo que bien justificaría una visita al Museo de Bellas Artes de Boston-. Y tanto Sargent como Sorolla enfocan las realización de sus retratos –donde ambos alcanzaron celebridad social y alta remuneración, al tiempo que intensidad expresiva y sobria belleza- como si Velázquez, y quizás Zurbarán, estuviera guiando sus pinceles e inspirando los contornos de la figura.

Lo que dota a la exposición de Sorolla de su carácter excepcional es la presencia de los lienzos que componen la monumental “Visión de España” que el pintor realizó para la Hispanic Society of America por encargo de su fundador, el hispanista Archer M. Huntington. Es la primera vez, y previsiblemente la última, que ese singular conjunto sale de su domicilio habitual en Nueva York, en Broadway entre las calles 155 y 156 .Y quizás bueno que así sea, porque su contemplación cercana, ahora que las pinturas han sido restauradas, permite desde luego observar el detalle de su belleza, pero menos el carácter épico que adquieren en el octágono de su despliegue original. Que poderío. Que sabiduría compositiva. Que amor por las gentes y por el paisaje que las encuadra. No estamos demasiado lejos de la concepción plástica que hizo posible la plasmación de “Las Lanzas”.

Sargent realizó un gran ciclo mural en la biblioteca pública de Boston, dedicado a plasmar una visión religiosa inspirada en temas judeo cristianos. Es otra buena razón para visitar la ciudad a la que tanto debe el espíritu americano. No es siempre recordado que la intención inicial del pintor fue cumplir su encargo con ilustraciones de la literatura clásica española, a la que siempre fue aficionado. El artista que tan frecuentemente visitara el Prado en sus años mozos –y que ejercitara sus primeros conocimientos en la copia de los cuadros de Velázquez- no dejó nunca de tener en cuenta la concepción plástica, la realización técnica y los motivos que le ofrecían los colegas españoles del gran siglo. Una constancia adicional de ello se puede encontrar en ese cuadro con formato y fuerza de fresco que bajo el preciso titulo de “El Jaleo” se exhibe en el museo Isabella Stewart Gardner, tambien en Boston. ¿Es necesario añadir otra buena razón para desplazarse a Massachussets?

Naturalmente, no son Sorolla y Sargent los únicos en reclamarse orgullosamente discípulos del gran sevillano. En octubre de 2003 el Metropolitan Museum de Nueva York ofreció la exposición “Manet/ Velázquez” dedicada a la exploración de las influencias de la pintura clásica española en la pintura francesa del XIX y comienzos del XX. Allí estaba, de manera prominente, Manet. Y tambien, en una coda inevitable, Sargent. Fue posiblemente una de las exposiciones mejor concebidas y realizadas en las últimas décadas – que, incomprensiblemente, no pasó por el Prado-. No era aquel el contexto para encontrar sitio a Sorolla. Pero ahora, que de manera tan gloriosa lo ocupa en la primera de nuestras pinacotecas, oportuno parece recordar los parentescos que le unieron a su contemporáneo y amigo americano.¿Para cuándo podemos imaginar una exposición titulada “Sorolla/ Sargent, la sombra alargada de Velázquez”? Muchos estarían dispuestos a atravesar el Atlántico para contemplarla.

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

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