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crítica

Un Montanelli inédito entrega una “historia” de Italia sarcástica y cáustica

domingo 30 de agosto de 2009, 13:23h
Indro Montanelli: I conti con me stesso. Diari 1957-1978. Prólogo de Sergio Romano. Editorial Rizzoli. Milano, 2009. 288 páginas. 21 €
Con ocasión del centenario del nacimiento de Indro Montanelli, quizá el más grande –y controvertido– periodista italiano de la historia, la editorial Rizzoli ha publicado I conti con me stesso 1957-1978 (traducible como “Las cuentas conmigo mismo”), colección de diarios inéditos del autor. A través de cuentos irónicos, cotilleos y reflexiones, se recorren veinte años de vida política italiana, comentados por un protagonista privilegiado dado el punto de vista en el que presenció los acontecimientos y, sobre todo, por su sorprendente inteligencia y capacidad de análisis.

Su pluma “arañaba” tanto como su lengua, feroz y siempre crítica, característica de la gente de Toscana: el texto contiene citas, anécdotas y reflexiones personales de este genio que se autodefinía como un “anarquista conservador”. El libro, que recoge doce libretas custodiadas en el Fondo de Manuscritos de la Universidad de Pavía, se articula en cuatro periodos, brevemente introducidos en las páginas iniciales por Sergio Romano, que sirven para contextualizar espacial y temporalmente las reflexiones de Montanelli (septiembre 1957-enero 1958; septiembre-diciembre 1966; mayo 1969-abril 1972; mayo 1977-mayo 1978). Su contenido refleja perfectamente la personalidad de Montanelli: su cínico humorismo, su misoginia y su gran ego, puestos sobre la mesa para relatar, con sarcasmo y con un estilo transparente y “schietto” (franco), los años del milagro económico italiano, las preocupaciones norteamericanas para el posible “sorpasso”, los intentos del compromiso histórico, el delito de Aldo Moro o el atentado, en 1977, perpetrado por las Brigadas Rojas del que el mismo Montanelli fue víctima. Sin embargo, en el diario Montanelli no se limita a expresar opiniones relacionadas con personajes políticos y eventos de esa naturaleza, sino que refleja también sus encuentros con artistas, actores o figuras relevantes del panorama cultural italiano y mundial.

Entre otros pasajes brillantes, merece la pena destacar algunas frases insignes, capaces de ofrecer, con concisión y habilidad, una perfecta imagen de la realidad: “Fascismo: la tentativa más cómica de instaurar la seriedad”; “Cuarenta y nueve años: me falta sólo uno para empezar a creer en los jóvenes y seducir a los menores” (quizá no lo haya leído Berlusconi); o “Entre los italianos la solidaridad no existe. Existe la complicidad”. Particularmente divertido –y picante– un encuentro con Fellini en el que este último le cuenta: "He preguntado a Rossellini qué tiene de excepcional Sonali (su nueva mujer, india) para haberle hecho olvidar a Ingrid (Bergman) y al resto. Con una mirada soñadora y una sonrisa vaga, ambas falsas, me ha respondido: “Pues ya sabes, la sabiduría antigua de Oriente y la calma profunda del Océano Índico”. Pausa. Le pregunto a quemarropa: ¿Y cómo folla? Rossellini hace un gesto de entusiasmo: “¡Ah!”, exclama. “Si la vieses, ¡qué acróbata! Todas las posturas conoce.... ¡Todas!”. También Montanelli se muestra auto-irónico, como cuando se refiere a uno de sus libros más vendidos, la Historia de Roma: “Me advierten de Milán que mi Historia de Roma se vende como el pan y que todos la encuentran excelente. Y decir que la escribí sólo para fijar en mi cabeza, definitivamente, la sucesión de Tiberio a Calígula, y a Claudio. Y que, entregado el manuscrito, esperé con impaciencia la publicación para releérmela porque en el intervalo la había olvidado otra vez...”

Hay presentes varias notas sobre España, como una referencia cáustica sobre el fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer, del que comenta: “Quizá un santo, desde luego un actor excepcional”; o el desayuno con Alfredo Sánchez Bella, embajador español en Roma, quien le propone –4 de octubre de 1966– efectuar una entrevista al general Franco. Montanelli acepta, expresando su “…reserva a los reparos que tendrá ciertamente Franco, notoriamente alérgico a periodistas y entrevistas”. El embajador, no obstante, le garantiza que el Caudillo le conoce como escritor; y le expresará, además, su convicción personal de que el mundo se encontraba “…en vísperas de otra guerra mundial, y que los responsables son Kennedy y el Papa Juan XXIII”. Por este motivo, anota Montanelli: “Si razona así un español no franquista como él, y considerado “abierto” y “progresista”, figurémonos los otros”.

En cuanto a Silvio Berlusconi, Montanelli nos regala una pequeña pero clarividente anécdota, preanunciando el carácter del futuro primer ministro italiano. Así, de un viaje conjunto, el 23 de Mayo de 1977, anotará: “Vuelo a Luxemburgo con el habitual birreactor de Berlusconi (dueño del periódico Il Giornale) que nos acompaña, feliz de exhibirse y de exhibir su estatus en una ceremonia internacional. La medalla de oro (¿será realmente de oro?) me la entrega Gaston Thorn, jefe del Gobierno luxemburgués y presidente del movimiento europeo (...) Berlusconi llena su cuaderno de direcciones: todas las de las personalidades que ha conocido. Es el verdadero “climber” (trepador, arribista, escalador social), que aprovecha todo y no tira nada”.

En definitiva, se trata de un diario político y sentimental, un texto muy íntimo, donde el autor nunca renuncia a la ironía o al sarcasmo para dejar reflejada su cotidianeidad, hecha de encuentros institucionales, tardes transcurridas en los salones político-intelectuales italianos o discusiones con los poderes fuertes de Italia. Las páginas de este diario consiguen ofrecer un buen retrato de este personaje, de sus agudas reflexiones personales y su gran egocentrismo; una especie de “egocentrismo altruista”. Montanelli representa un ejemplo de periodista súper-partes y objetivo, que siempre profesó su convencimiento en un periodismo libre de cualquier injerencia y vínculo político. Por esa razón, en 1991 renunciaría al nombramiento de senador vitalicio propuesto por el presidente de la República italiana, Francesco Cossiga, alegando que “desgraciadamente, mi creencia en un modelo de periodista absolutamente independiente me impide aceptar una oferta tan halagadora”. Por ese mismo motivo, decidió abandonar Il Giornale en enero de 1994, cuando Berlusconi, dueño de este medio, emprendió su entrada en el escenario político italiano.

El diario de Montanelli genera en el lector una genuina admiración e interés por este gran personaje. A lo largo de sus páginas, emerge el Montanelli periodista, pesimista y escéptico al mismo tiempo, educado en los valores liberales conservadores y amante de la independencia de este oficio. Pero también se revela su carácter polémico, áspero y categórico. No cabe duda de que Montanelli fue una de las voces más fuertes de la democracia italiana, como lo definió –epitafio a su muerte– Romano Prodi. Al fin, el libro desvela las simpatías y antipatías personales de este genio, ofreciendo una buena ocasión para reflexionar sobre la vida italiana de aquellos años, e igualmente sobre la actual.

Por Andrea Donofrio
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