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conferencia en madrid

Tyler Cowen quiere que miremos al economista que llevamos dentro

sábado 23 de febrero de 2008, 22:25h
La Fundación Rafael del Pino le ha ofrecido su magnífica sede, en el número 39 de Rafael Calvo, uno de esos palacetes que aún resisten, para que ofrezca una conferencia en que ha presentado su libro: Descubre al economista que llevas dentro, publicado en nuestro idioma por Planeta. No es el clásico economista, y sí lo es. Decía su admirado Friedrich Hayek que “un buen economista no sabe sólo de economía”, y por eso, porque Tyler Cowen sí lo es, cita con soltura a Cervantes o Jonathan Swift para hablarnos de economía.

Porque para Cowen la economía es, en el fondo, una rama de la filosofía, tal como la entendía Adam Smith o el propio Hayek. Tyler Cowen arrancó su conferencia en un español esforzado pero correcto, para decir que “mi filosofía de la economía es que es una ciencia y un arte sobre los las personas en el mundo real”. Quien se haya acercado a un artículo de economía en una revista científica, entre supuestos imposibles y juegos matemáticos, sabe hasta qué punto hablar del mundo real puede sonar transgresor. Es más, “para mí es una ciencia muy viva y muy romántica”, que trata de las emociones, de “los emocionales”, dice en su español adquirido por ósmosis en sus viajes a Méjico. Porque “cuando uno lee textos de economía, puede pensar que todo es cuestión de dinero”, pero a él la economía le ha enseñado todo lo contrario.

En ese momento pide perdón a la audiencia por empezar a utilizar su propio idioma, y de la sala, llena hasta la bandera, sólo unos pocos recurren a la traducción simultánea. Y explica: “La gente me preguntan si este es un libro de autoayuda. Yo creo que hay dos tipos de libros: los que tienen ideas y los que no los tienen. Y los libros llamados de autoayuda no suelen tenerlas, mientras que los que sí las tienen sirven como ayuda del lector. El mío es ese tipo de libros”.

La economía es un razonar que le ayuda a entender el comportamiento humano. Como el de su hija, de 13 años, y a la que sus padres le ofrecieron dinero por cada vez que se despojara de su pereza y limpiase la vajilla. “El primer día los platos estaban limpios. El segundo, también. El tercero, el cuarto, el quinto… ya no estaban limpios. Entonces nos empezamos a preguntar por qué pasaba esto”. Y sigue: “Una lección muy importante de la economía y de la filosofía es que las personas no perciben la realidad del mismo modo. Nosotros lo veíamos como que le estábamos ofreciendo un incentivo para que limpiase los platos, pero ella lo veía como “mis padres están intentando comprarme para controlarme”. Pensaba que después de los platos vendría el control sobre sus amigos, su novio, la Universidad a la que fuese…”.

Mantener el amor
Cowen se atreve con el tema por excelencia: el amor. Y cita a un Nobel de Economía que deja fría a la mayor parte de la audiencia: Robert Aumann. Decía este hombre que “si mantienes una discusión, en principio tienes el 50 por ciento de probabilidades de estar en un error. De modo que antes de seguir, piénsatelo de nuevo, aunque pienses que tienes razón”.

El mercado es un intercambio de signos, de los que los precios son los más importantes. La vida es también un intercambio de signos. “Mi mujer es una persona práctica. ¿Por qué, entonces, cuando es nuestro aniversario se enfadaría si le regalase un fajo de billetes?” Prefiere, sin embargo, unas flores “que no sirven para nada; no tienen música, no viven más allá de un día”. Porque esas flores son un signo de su amor. Y en este juego de signos, la economía tiene un consejo que enseñar: “be a nice guy”. “Sé una persona amable”.

Cowen le da mucha importancia al autoengaño. “El autoengaño es muy importante, porque lo necesitamos para estar ilusionados, entusiastas. Pero puede también ser muy peligroso; puede ser tu peor enemigo”. La solución pasa por que “tenemos que ser como Don Quijote, pero también como Sancho Panza. Tenemos que aceptar nuestras contradicciones”.

Luego da un consejo más propio de un economista, haciendo de un descubrimiento de la economía una recomendación personal. “Me encanta el arte, y lo primero que hago cuando llego a una ciudad es visitar sus museos”, dice. “Pero la verdad es que, pasado un tiempo, me aburro. Esa es la verdad, para mí como para la mayoría de las personas que visitan los museos”. ¿Qué hacer en esas situaciones? “Seamos honestos. Si te aburre una actividad, déjala”, nos dice. “Si comienzas a leer un libro y a las 50, 100 páginas te aburres, déjalo. Tenemos una extraña fidelidad a las cosas, cuando sólo se la debemos a las personas. Y tenemos que pensar en el coste de oportunidad: el tiempo de dedicas a ese libro que te aburre podrías destinarlo a cualquier otra actividad más placentera o provechosa. Una lección de la economía es: no pierdas el tiempo”. Descubre al economista que llevas dentro, de Tyler Cowen, promete llenar el tiempo de un modo valioso.
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