Giro copernicano en Japón
miércoles 02 de septiembre de 2009, 01:15h
La aplastante victoria por mayoría absoluta del Partido Democrático de Japón (PD) en las elecciones generales niponas supone pone fin a más de medio siglo del Partido Liberal Demócrata (PLD). De hecho, puede decirse que el resultado electoral tiene como consecuencia inmediata el primer cambio significativamente relevante desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Y es que el PLD llevaba rigiendo los designios de Japón desde 1955, en lo que es sin duda uno de los períodos más longevos de hegemonía política. Así las cosas, hay quien se ha apresurado ya a extrapolar los resultados en clave europea, o mejor aún, tildando al PLD de una suerte de PRI mexicano al que le habría llegado su momento.
La realidad es bien distinta. El resurgir japonés tras la Segunda Guerra Mundial fue cobrando fuerza a medida que la segunda mitad del siglo XX avanzaba. En una sociedad tradicionalmente poco amiga de los cambios, la permanencia en el poder del PLD se veía como algo natural, toda vez que no había una opción política lo suficientemente atractiva. Medio siglo sin alternativa. Ocurre que la realidad sí es cambiante y, por eso mismo, Japón ha visto cómo la crisis también golpeaba a su maltrecha economía, que vivía la peor recesión desde la firma del armisticio.
En Japón más aún que una victoria de la social democracia y una debacle de los conservadores –que también- sobre todo, se ha producido una alternancia en el poder. Algo, por lo demás, de una higiene democrática incuestionable, ya que una de las mejores garantías del correcto funcionamiento de las instituciones es el recambio de sus cuadros rectores. Máxime, si dichos cambios vienen avalados por un alto índice de participación (se ha rozado el 70 por ciento), señal inequívoca de la voluntad de cambio del pueblo japonés. En base a ello, no resta sino respetar la voluntad de sus electores, dejando a un lado extrapolaciones imposibles por tratarse de modelos totalmente diferentes.