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El drama del desempleo en España

jueves 03 de septiembre de 2009, 00:27h
Desde que Zapatero acabó por reconocer que había crisis, no ha habido un dato económico bueno. Quizá esté ahí la clave de aquel negacionismo: se temía a la crisis, pero aún más a la carencia de soluciones para abordarla. Porque ni las invitaciones a un optimismo pueril ni los ya famosos “brotes verdes” de la ministra Elena Salgado han servido para maquillar una realidad que permanentemente alerta sobre el desbarajuste que padece España. Así, los datos del paro en agosto (85.000nuevos desempleados y 142.000 cotizantes menos a la Seguridad Social) no han sorprendido ni a propios ni a extraños, pese a su enorme gravedad.

Desde Moncloa, más de lo mismo. Estacionalidad, fe en una eventual recuperación y críticas al “alarmismo” de algunos. Y subsidios, claro, que no falten. Si el martes era el ministro de Trabajo quien justificaba la falta de liquidez para la ayuda extraordinaria de 420 euros destinada a los parados de larga duración, ayer Elena Salgado le enmendaba la plana a su compañero de gabinete anunciando que tal medida sí se llevaría a efecto. Rajoy protesta un poco, Zapatero le responde, pero parece que ambos han decidido abordar esta cuestión como si fuera de perfil bajo, cuando la realidad es que se trata del principal problema de España.

Así, quien haya tenido la desdicha de perder su puesto de trabajo, tendrá además que asistir al penoso espectáculo de ver a su Gobierno incapaz de arbitrar una sola medida efectiva que palie esta sangría; al principal partido de la oposición, lejos de poner toda la carne en el asador, conformándose con alguna que otra declaración hueca; y a unos sindicatos que ni están ni se les espera. Para colmo de males, la situación promete empeorar: el efectista “plan E” ha derrochado 8.000 millones de euros en obras muy discutibles cuyos operarios, una vez concluidas, vuelven a engrosar de nuevo las estadísticas del INEM. En las cuales no aparecen, por cierto, todas aquellas personas -y son muchas- que se hallan realizando cursos de formación, pese a estar sin empleo. El gasto público se dispara -al igual que el número de desempleados- bajan las cotizaciones a la Seguridad Social y todo lo que se le ocurre al Gobierno es subir los impuestos. El panorama no puede ser peor.

Pero que nadie crea que el Gobierno desconoce el problema y sus posibles soluciones. Se lo sabe perfectamente y tiene sobrados recursos humanos –en la administración y dentro del propio partido socialista- que le dicen lo que hay que hacer. Entre otros, Solbes y Vegara: por eso se fueron. El problema es que a Zapatero no le interesan soluciones de política económica que encarrilen la recuperación, sino atajos de economía de la política que le vayan maquillando los sondeos. Al final, perderá en los dos rubros.
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