Hay fortunas para las que parece no haber crisis. Esa capacidad económica se manifiesta, en algunos casos, en los típicos signos externos de la riqueza: una casa espectacular, yates, joyas… y coches. Coches que cuestan un millón de dólares y que van más allá de lo que pueda manejar un simple mortal.
En estos momentos, el coche más caro en el mercado es un Bugatti Veyron, cuyo precio puede llegar a superar los dos millones de dólares. Otros coches que rondan el millón de dólares o lo superan son los Lamborghini Reventón, el McLaren F1, un Ferrari Enzo o un Mercedes SRL Stirling Moss. ¿Qué coches son estos? ¿Quiénes los compran? ¿Cómo? ¿Porqué?
Esta última pregunta se responde con las emociones que se sienten sólo con ver las fotos de estas creaciones. Verlos es todo un espectáculo. Y conducirlos, algo que está al alcance de muy pocos, es una experiencia única.
El Bugatti Veyron es el segundo coche más rápido del mundo, ya que alcanza las 253 millas por hora. Su motor tiene ocho litros dispuestos a quemar el depósito en sólo once minutos, si se pone el coche a tope de forma continuada. Claro, que en esos once minutos habrá recorrido la distancia entre Madrid y Ocaña, de 60 a 70 kilómetros.

No se adquiere en un concesionario. El comprador hace un pedido a la casa, por medio de un partner. En Madrid, Berge Automoción. Entrega 350.000 euros como señal. Entonces entra en la lista de espera hasta que llegue su slot de producción. Cuando llega su hora, se le comunican al cliente todas las especificaciones que puede añadir al coche; no se le piden antes porque en ese tiempo la casa ha podido desarrollar alguna nueva o mejorar las anteriores.
Cuando le expone a Bugatti cómo quiere que sea su Veyron, añade otros 350.000 euros. Comienza entonces su producción. Será uno de los 300 Veyron que tiene previsto producir la casa, de los que ya se han producido unos 200 y entregados en torno al centenar.
Cuando se le haga entrega de su ejemplar, el cliente pone el resto del dinero. Hasta 1,8 millones de euros puede costar una de estas criaturas. No es de extrañar que José María Aboitiz, director general de Berge Automoción, distribuidora de Bugatti en la Península Ibérica, se refiera a los Veyron como “casi una obra de arte”.
Es claro que quien logra adquirir una pieza como esta lo hace por motivos que todo el mundo puede entender y que nos ha explicado el propio Aboitiz: “Quiere tener un vehículo especial, ser admirado y envidiado, y contar con un coche que tiene mucho valor y que, incluso, puede ganarlo a medida que pasa el tiempo”.
Es un coche deportivo y es un coche de lujo. Pero su conducción no es tan exigente, técnicamente, como pueda serlo la de un Ferrari. “Tiene una entrada de la potencia gradual. El coche es pequeño y compacto y por lo tanto más manejable que un Lamborgini Murciélago, por ejemplo. La tracción a las cuatro ruedas hace que el coche vaya sobre raíles. Y tiene un par tan alto que se podría conducir por la ciudad, a baja velocidad, en sexta”, nos dice el director general de Berge Automoción.
Un cliente, que lo había conducido y que conocía bien la el manejo de un Ferrari o un Lamborgini, decía, haciendo una cierta concesión al machismo, que “este sí es un coche que le dejaría conducir a mi mujer”. Pero el comprador de un Bugatti Veyron llega a este coche después de haber aparcado en su parking 6 o 7 coches más, a los que ha llegado por su afición y, por supuesto, por su fortuna.
Berge ha entregado ya dos Veyron, y tiene a más clientes en lista de espera. ¿Qué tipo de personas adquiere un coche así? “Es un cliente que tiene tres o cuatro residencias principales. Quizá una en Marbella, otra en su país de origen, otra en la Costa Azul y otra en Nueva York. Lo compra a cargo de una empresa cuya sede no tiene por qué ser la de su propio país y a con un fondo patrimonial que puede estar situado aún en otro país”, señala José María Aboiti. En realidad la noticia de que se hayan vendido dos en España, y que se vayan a vender más no quiere decir que el comprador sea español o portugués; sólo que ese cliente internacional ha elegido a Berge como socio de Bugatti.
Ferrari también cuenta con clientes de primerísimo nivel. Pero, aunque es claro que son pocos los que pueden manejar un volante de la casa italiana, son muchos más los que se pueden revestir del manto rojo de un Ferrari.
Fede García, del Club Ferrari España, explica a El Imparcial que la pasión por la marca italiana viene de décadas de fabricar coches espectaculares y, especialmente, de verlos en competición en la Fórmula 1, a manos de los mejores pilotos del mundo. Para el dueño de un Ferrari, conducirlo es “olvidarse del trabajo y los problemas un fin de semana. Disfrutar de la conducción y de la compañía”, pues los ferraristas quedan en ocasiones para compartir su afición. Son “doctores, empresarios, transportistas, trabajadores que, en lugar de un M3 o un M5, acuden a la segunda mano para hacerse con un Ferrari”.
Los últimos modelos son muy atractivos. Pero en ocasiones los buenos ferraristas prefieren adquirir de segunda mano coches fabricados hace 20, 30 y 40 años. Eso es porque esos coches “son más radicales, ya que no cuentan con el apoyo electrónico de los nuevos modelos” y permiten una experiencia en la conducción más auténtica. Aunque, claro está, siempre se puede “desconectar” al coche de su aparataje electrónico.
Hay que tener muy claro lo que se compra. “Algunos compradores quieren en realidad un coche de lujo. Pero Ferrari no forma parte del segmento del lujo. Es un coche deportivo. Muchos, cuando se dan cuenta de lo que tienen entre manos, prefieren venderlo y optar por otra compra”.
Una opción, aunque muy cara, es la del Mercedes SRL Stirling Moss. Es “un auténtico vehículo de colección que por su diseño no es muy apto para un uso diario”, señalan desde la casa. “Sólo podrán comprarlo 75 clientes que ya sean propietarios de un SLR normal”. En principio, ninguno de ellos lo va a traer a España.
Al igual que el McLaren Mercedes SLR, el potencial cliente se podía dirigir a cualquier concesionario de Mercedes-Benz, donde estos a su vez se ponían en contacto con el "Personal Leason Manager" persona responsable de la venta de Maybach y SLR en España (que pertenece a Mercedes-Benz España).