La tragedia de los rehenes de las FARC
miércoles 09 de septiembre de 2009, 01:51h
Colombia vive una auténtica conmoción por la difusión de unas imágenes en las que aparecen varias personas secuestradas por la narcoguerrilla desde hace casi diez años. Lo pero para sus familias no es verse privados de la presencia de sus seres queridos, sino comprobar el trato terrible al que les someten sus secuestradores: mal nutridos, encadenados y obligándoles a lanzar soflamas políticas a favor de Hugo Chávez y en contra del gobierno colombiano. De todos los rehenes que mantienen cautivos las FARC, policías y militares son los que sufren la peor parte. Conviene recordar que los narcoguerrilleros retienen a políticos y empresarios secuestrados selectivamente, pero sobre todo a militares capturados en acciones armadas. Y algo particularmente indecente; la llamada “pesca milagrosa”, que consiste en efectuar secuestros indiscriminados, por ver si, con “suerte”, alguno de los apresados tenía bienes o responsabilidades importantes.
Quien así ha actuado durante toda su vida no es fácil que cambie radicalmente de la noche a la mañana. Menos aún sabiendo que sus vecinos Chávez y Correa, así como también Evo Morales y Daniel Ortega, sienten hacia ellos algo más que una declarada simpatía. No están solos, aunque el apoyo -en el caso de Chávez, incluso financiero- que se les brinda es más pragmático que ideológico. En efecto, el mandatario bolivariano y sus acólitos ven al presidente Uribe como el enemigo a batir y las FARC son un elemento de desgaste perfecto. Mientras subsistan, Colombia no alcanzará la estabilidad definitiva; de ahí, su apoyo. Porque, ideológicamente, hace mucho tiempo que las FARC perdieron el norte -si es que alguna vez lo tuvieron- en detrimento de sus negocios con la cocaína. Secuestran y trafican con drogas, nada más. Pero es precisamente ahí donde radica su debilidad, pues la falta de un horizonte político, amen de los últimos golpes inflingidos por las autoridades colombianas, han hecho que muchos de sus miembros deserten, viendo que su existencia no era más que un continuo delinquir en pos de un ideal inexistente. Por cierto, dado el creciente interés mostrado por Oliver Stone en América Latina, filmando publirreportajes sobre Fidel Castro y Hugo Chávez, a lo mejor le interesaba documentarse con las imágenes de las FARC. Quizá así dejase de reverenciar a sus protectores.