De puños cerrados y brazos levantados
martes 15 de septiembre de 2009, 15:10h
Hace pocos días salió en algunos medios de comunicación una curiosa foto que merece algún comentario y reflexión. En ella se veía al Presidente Zapatero en el escenario de un acto público del PSOE, y aquí viene lo curioso, rodeado de otros ilustres socialistas veteranos y más jóvenes, como Alfonso Guerra y Leire Pajín, todos ellos, salvo el Presidente Zapatero, con el puño cerrado, no sé si acompañando a algún cántico, como la conocida Internacional.
De entrada la imagen me sorprendió, pues pensando sobre ello hacía ya bastante tiempo que no veía a gente con el puño cerrado. Tras esta primera sorpresa, lo siguiente que me vino a la memoria, me imagino que histórica, fueron las imágenes de españoles de antaño con el puño cerrado o el brazo levantado, unos se identificaban con el comunismo, otros con el fascismo, como todo el mundo sabe. Confieso que ambas imágenes me entristecen bastante, por lo que supone de falta de evolución y anquilosamiento en un pasado que creía felizmente superado: el de las ideologías totalitarias o de masas.
Pensamos un poco en ello. La ideología de masas -muy bien estudiada por Hannah Arendt- busca la uniformidad en la concepción del mundo, una serie de ideas fuerza preconcebidas con las que interpretar la realidad, son pensamientos cerrados, concepciones rígidas, que promueven la expansión o lucha por esas ideas. Este tipo de pensamiento cristalizo de manera dramática en la Europa de entreguerras del siglo pasado. Se enfrentaron dos concepciones del mundo totalitarias y excluyentes entre sí: el comunismo y el fascismo. En ambos, el individuo, la persona, se diluía en el peligrosísimo efecto masa, donde el adoctrinamiento cabalga más cómoda y eficazmente para la imposición de su concepción global, total del mundo. Esto, entre otras cosas, también está detrás de un puño cerrado o un brazo levantado: una concepción global, total, del mundo o de la vida.
Frente a los puños cerrados y brazos levantados, felizmente para la humanidad, triunfo el pensamiento democrático liberal, empirista, anglosajón -recuerden la obra de K. Popper La sociedad abierta y sus enemigos-, frente al idealismo del continente, fruto del pensamiento básicamente de Hegel y el desarrollo o interpretaciones del mismo, que desde la izquierda hizo Marx o Lenin, o desde la derecha Nietzsche o Heidegger. En ese periodo de entreguerras en España sufrimos una Guerra Civil, los dos bandos se identificaban, como efecto masa, con el puño cerrado unos, con el brazo estirado, otros: las conocidas dos Españas.
No somos pocos en España los que queremos superar estas ideologías del pasado y que se deberían de quedar ahí. Las ideologías como concepciones globales del mundo irán desapareciendo, simplemente porque no se sostienen. Los dogmas, las ideas preconcebidas, el sectarismo que normalmente las acompaña, el efecto masa que se produce en los actos públicos con cánticos y expresiones del cuerpo -tiene algo de militarización, de hecho lo hacen los militantes-, diluye el espíritu crítico del individuo, su capacidad de análisis a posteriori, racional, abierto, admitiendo el error o el que se puede estar equivocado, esto es, lo que el empirismo anglosajón denomina: openmindness (abrir la mente, estar abierto al cambio).
No conocerán en el pensamiento liberal ningún signo externo de identificación (puño cerrado o brazo levantado), ningún cántico, simplemente porque en él no se da el efecto masa, el efecto grupo de ideología global. El pensamiento liberal parte de la posibilidad del error, de la duda, del poder estar equivocado, de cierta humildad intelectual frente a las concepciones rotundas y cerradas de la vida. Sinceramente, les reconozco que no me gustan los efectos masa, los cánticos en grupo todos al unísono, todos iguales con un brazo levantado o un puño cerrado. Me gusta más la persona que duda, frente a las afirmaciones rotundas; que está dispuesta a cambiar o poner en la palestra sus grandes ideas, para discutirlos, incluso para asumir otras si le demuestran el error. Éste era el argumento central de la libertad de expresión de John Stuart Mill en su magnífica obra Sobre la libertad.
Concluyo, esto del puño cerrado me sabe a rancio, a obsoleto, a algo que fue parte de lo peor del siglo XX, no entiendo bien qué me quiere comunicar una persona con un puño cerrado o muchas. A mí me gusta más la palabra, el dialogo, el intercambio, la duda, la humildad, la apertura, incluso en la expresión corporal.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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