Kosovo y el Eurobasket
martes 22 de septiembre de 2009, 20:04h
Estaba aterrizando en Getafe el último contingente de nuestras tropas de Kosovo, cuando nuestra selección de baloncesto ganaba brillantemente el campeonato de Europa venciendo a un joven y magnífico combinado serbio. Las carambolas del campeonato quisieron que en la primera fase venciesen ellos. Dos encuentros con el país residual de aquella Yugoslavia hoy rota, por ahora, en siete pedazos. El último escindido -Kosovo- que ha costado y va a costar un dineral, era el que dejábamos tras diez años de permanencia, en una zona de difícil convivencia entre mayorías albano-kosovares y minorías serbias. España no ha reconocido al nuevo ente, mitad nación, mitad protectorado, y en Belgrado nos lo agradecen. Pero nada que ver con la actitud de sus baloncestistas, técnicamente admirables, que ahora cubrirán plantillas de equipos de Madrid, Valencia o Badalona, incluso de la NBA. Es el mejor futuro para aquella juventud: emigrar.
Estaba presente en Getafe el ex ministro Eduardo Serra, el que tuvo que proponer al primer gobierno de Aznar el despliegue inicial en aquel dramático Kosovo de 1999. Buen detalle de la Ministra Chacón. Hoy ocupan puestos de responsabilidad militares que trabajaron intensamente en aquellos momentos: Fernando Sánchez Lafuente, Jaime Domínguez Buj, Javier Pery…. Serra era, es, un Abogado del Estado que hizo de su Ministerio un verdadero instrumento de aquel, apoyando no solo la propia política de su departamento, sino también la exterior y sobre todo la industrial. A su gestión se deben los grandes programas hoy en curso; a él se debe que ninguna Ley, Real Decreto o Decreto fuesen aprobados sin consenso. Ya sé que entre nosotros no se valora bien el servicio al Estado. Sirvió desde diferentes responsabilidades tanto a gobiernos del PSOE como del PP y lo hizo con lealtad, y con eficacia. Y, tras Bosnia, tuvo que apoyar nuestra intervención en Kosovo.
La conmoción que significó la disolución de la URSS trajo como consecuencia, entre muchas otras, el desmembramiento de Yugoslavia. No era la primera caída de un imperio que provocaba escisiones en sus periferias. Véase lo que ocurrió con el otomano. Aquella Unión de Repúblicas, que fomentó la descolonización galopante y mal digerida en África (Angola, Mozambique, Congo etc.), que inyectó ideologías revolucionarias en América (Nicaragua, El Salvador, Guatemala) y en Asia (Indochina, Corea, Camboya..), vio como sus periferias también se emancipaban. Aún quedan rescoldos vivos de este fenómeno centrípeto en Georgia, Chechenia o Abjasia.
Prácticamente todos los países que he citado han necesitado intervenciones de la Comunidad Internacional, materializadas en misiones de Naciones Unidas, que desde 2005 llamamos “integradas” y en muchas de las cuales España, que ahora celebra precisamente veinte años de participación, ha estado involucrada, caso de Kosovo.
No sé como contarán todo esto los historiadores dentro de treinta años. Hoy si podemos constatar que un país -Serbia- roto recientemente en otros siete, perdió dignamente la final de un campeonato de Europa de baloncesto frente a España, el mismo día en que un contingente militar dejaba definitivamente Kosovo, su último trozo escindido. En estos mismos días aún resonaban los ecos de una insensata consulta popular realizada en un pueblo de Barcelona que “quiso jugar” a lo que jugaban los yugoslavos hace veinte años. No sería malo que los votantes plebiscitarios de Arenys de Munt, se diesen un paseo -aún hoy- por Mostar o por Sarajevo.
¡Cuidado con ciertos juegos políticos que luego precisan de contingentes de Naciones Unidas o de la OTAN para poner orden, como en Kosovo!
¡Mejor el juego con los serbios de Pau Gassol, de mi paisano Sergi Llull y de sus compañeros en el Eurobasket!
|
General de Ejército
Luis Alejandre es general.
|
|