La expectativa en los otros
martes 22 de septiembre de 2009, 20:48h
Se da siempre un resorte en nuestras cabezas que, si es pulsado debidamente por el medio ambiente, hace que salga lo peor que llevamos dentro. Rumiamos durante nuestra infancia y adolescencia comentarios, en principio inocentes, de las personas a las que consideramos dignas de respeto y elogio. En las circunstancias adecuadas toda esa carga emocional del subconsciente hace que se produzca el odio y la furia interna que pueden dar lugar a la expresión oral desaforada y a realización de actos funestos que nunca hubiéramos pensado que podrían caber en nuestro interior.
Al niño y al joven impresionable se le susurra cuan grandes son sus dotes, lo guapo e inteligente que es, normal y previsible para casi todas las personas que han crecido con gente que las quiere. Luego la vida le demuestra a cada uno que no eran tan verdad todos aquellos elogios. Pero la perversión del mensaje se da cuando se expanden esos elogios susurrados a una comunidad de características afines. Es entonces cuando, si no se cumplen las expectativas en uno mismo, se exportan a la comunidad madre y los logros o penurias que esta pase se hacen propios. Estos anhelos y sentimientos de superioridad son bien encauzados por fanáticos y politicastros oportunistas.
El hecho es que se ha institucionalizado el sacar lo peor de uno mismo como consecuencia de la afrenta a la comunidad a la que se cree que cada uno pertenece. Lo malo de la normalidad de este comportamiento en determinados grupos, es que estos tienen como misión dinamitar el Estado de Derecho en el que parecía que todos llegábamos al entendimiento. Independentistas, comunistas y falangistas nostálgicos, nacionalistas del tira y afloja, la legión de políticos “afuncionariados”, y todo aquel con el suficiente poder, ya sea público o no, que se ve arrogado de privilegios con los que “esa estúpida masa impersonal” les debe ovacionar en el derribo de las bases de la convivencia.
Cuánto costó que estas personas tuvieran el derecho a gritar lo que se les antojara, cuántos perdieron la vida en la consecución de unos derechos que ahora se pisotean como en un juego de niños enrabietados a los que no se les brinda todo. Se ha pasado de la traición, pasando por las injurias, hasta llegar a la libertad de expresión de yo soy de donde como, en un gran país de estómagos agradecidos.
Confusión en la que burgueses marxistas o marxistas burgueses sacan beneficio, en la que presidentes de clubes de fútbol se sienten dignos de hacer política con la supuesta complacencia de la hinchada de sus equipos y en la que la gente da más importancia a la guardia y custodia de la hija de una starlette televisiva que al impúdico manejo de las cuentas del Estado.
Preguntaba el talibán entrevistado: ¿Por qué vosotros no sois también musulmanes?
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Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
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