La segunda presentación de
Memorias de un preso, esta vez ya para familiares, amigos y curiosos, ha congregado a centenares de personas en un abarrotado, amplio y exclusivo salón del
Hotel Intercontinental de Madrid. Mario Conde, autor, ha sido ovacionado en un acto descargado de formalismos y rico en espontaneidad y buen humor.
Mario Conde ha entrado en el salón acompañado por
Luis María Anson, académico y presidente de
EL IMPARCIAL, con quien ha debatido sobre marcas de cámaras fotográficas mientras eran alumbrados sin piedad por decenas de flashes. La palabra la ha tomado en primer lugar
Jesús Calvo, director de la prisión de Alcalá-Meco durante los años de estancia en la cárcel del ex presidente de Banesto. “No fue el preso más importante que hemos tenido”, ha dicho Calvo, quien ha recordado la “densa etapa política” que vivía España cuando Conde ingresó, y ha aludido a los casos
Lasa y Zabala,
GAL o
Roldán. El ex director de Alcalá-Meco ha afirmado que Conde “ha sido el preso con más glamour, más encanto y más literatura”, y se ha mostrado confiado en que el libro contiene “las últimas palabras de Mario Conde… por ahora”.
Ha recogido el testigo
Luis María Anson, que ha recordado que Conde “ha sido víctima de una de las mayores operaciones políticas que se han producido en España en los últimos años”. Anson ha trazado con pulcritud un boceto del contexto político que “aplastó” a
Mario Conde, y ha rememorado aquel 28 de diciembre de 1993 en el que fue “escabechado”, así como la siguiente Nochebuena, cuando pisó por primera vez en Alcalá-Meco. El académico y presidente de
EL IMPARCIAL, de pie ante público, ha calificado a Conde como el “líder social de España” en 1993, y ha lamentado que el “mayor de los errores” del ex presidente de
Banesto fue “dejarse querer” por la política, lo que supuso en aquel momento “una pirueta de circo”.
Anson, como no podía ser de otra forma, ha hablado de
Memorias de un preso, un libro “humano” en el que “el lector entra en la cárcel con
Mario Conde y vive con él”, todo ello narrado, en opinión del académico, “con una técnica de novelista del XIX”.
Y por último, el protagonista.
Mario Conde ha agradecido a Jesús Calvo su apoyo en prisión y a Luis María Anson que tuviera el acierto de escribirle al comienzo de toda esta historia para decirle que “algún día" se sabrían "muchas cosas”. En opinión de Conde ya se sabe la verdad, aunque no toda, “pero es suficiente”. Sin papeles, de pie y con un micrófono en la mano, el autor se ha enfrentado al auditorio con naturalidad y con un acertado juego de palabras y silencios. Con “piel cetrina y arrugas esculpidas por la atrocidad de la cárcel”, como le ha descrito Anson,
Mario Conde ha preguntado y se ha preguntado “quién dijo que vivir era aburrido”. Ha dado respuesta: “Nunca sucede lo previsto, sino lo insólito”.
El ex presidente de
Banesto ha rememorado cuántas veces se dijo a sí mismo “20 años” cuando supo la sentencia. “Aparentas fortaleza, pero los 20 años te siguen golpeando en la cabeza”, ha dicho mientras describía sus primeros momentos sin libertad. No obstante, Conde ha relatado su estancia en prisión con fortaleza, que en gran parte se la daba una frase que tuvo presente cada día en prisión, escrita en su celda: “Acostúmbrate a lo inevitable y llévate bien con lo insoportable”. Con muy buen humor, el ahora escritor ha aclarado: “Fui un preso ejemplar, pero que esto no sirva de precedente, a ver si me van a meter otra vez”.