Europa, Islam y tolerancia
martes 29 de septiembre de 2009, 01:17h
La mujer que la semana pasada se negó a declarar a cara descubierta ante el juez de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, finalmente declaraba ayer. Eso sí, lo hacía de espaldas al público y retirando sólo la parte del “burka” que dejaba ver su rostro. Así, la Sala hubo de plegarse a los reparos de una persona incapaz, como tantas otras, de armonizar sus creencias religiosas con actos de la vida cotidiana tan elementales como prestar testimonio en una causa judicial. Atinó Gómez Bermúdez al recordar a la testigo su obligación de declarar no es incompatible con la práctica de su religión, ya que en Europa la ley civil prima sobre otro tipo de consideraciones.
En Francia ya hubo una polémica semejante con las palabras de Sarkozy definiendo el “burka” como un “sinónimo de esclavitud”. Y no le faltaba razón. La convivencia en Europa se basa en pilares como la tolerancia y la libertad, lo que permite entre otras cosas que cada uno pueda profesar el credo religioso que estime más oportuno. Ello, claro está, sin menoscabo de las obligaciones de la ley civil, que el Viejo Continente es soberana. Gracias a ello, las mujeres pueden vestir como les plazca, sin arriesgarse a recibir cuarenta latigazos como una periodista sudanesa que cometió el “delito” de ir con pantalones por las calles de Jartum. Lejos de lo que pretenden hacer ver los círculos islámicos más intolerantes, el “burka” es un arcaísmo que atenta gravemente contra la dignidad de la mujer. Y eso en un continente que respeta los derechos humanos -a diferencia de los países donde rige la “Sharia” o ley islámica- es inaceptable. Quizá la inédita Alianza de Civilizaciones debería estrenarse explicando a los fundamentalistas islámicos que, si quieren convivir integrados en el marco de una sociedad democrática como la europea, deberían empezar por respetar sus leyes. Y si no les gusta, están en su derecho de irse a Irán o Afganistán.