Cuando Al-Qaeda se residencia en el Magreb
viernes 02 de octubre de 2009, 20:31h
La señal de alarma ha sonado varias veces, cada vez con más potencia, en lo concerniente a la mutación que acaba de experimentar el Grupo Salafí para la Liberación y el Combate, inspirado éste por la trayectoria de Al-Qaeda a partir del 11-S. Y además, se le asigna la condición de frente magrebí de acción violenta que prestó obediencia incondicional a Osama Bin Laden a partir de 2006. Abriendo así, en el ámbito magrebí, una línea divisoria entre los partidos políticos, las organizaciones sindicales y varios foros de opinión inclinados al centro-izquierda, de una parte; y la corriente islamista, de otra, provista de métodos violentos, cuyo principal objetivo han sido los malos musulmanes, colaboradores del sempiterno antagonista exterior (USA, en principio; luego, Francia).
A nadie bien informado se le escapa el proceso osmótico que se fue produciendo en el seno de Argelia entre muchos de los secuaces enfrentados al gobierno de la República, abogados del sistema guerrillero y de fidelidad al panislamismo, durante los nuevos años de brasa (1992-1999). Hizo así, acto de aparición una nueva teocracia a escala planetaria, el sueño de un califato universal.
Del Movimiento Islámico Armado (MIA) al Grupo Salafí para la Liberación y el Combate>/i> (GSPC) que lidera en la actualidad el combatiente argelino Abdelmalek Droukdel, no ha habido sino un “salto” cualitativo; pero, eso, sí, “salto” que ha dotado a Abdelmalek de unas prerrogativas -y una aureola redentorista- que le sitúan en la línea jerárquica de lugarteniente indiscutido de Bin Laden en los países del Magreb. Amén de ello, Abdelmalek goza fama de ser de un guerrillero islamista catalizador de las tribus sedentarizadas o seminómadas que pululan por los amplios espacios que existen entre Níger y Malí, antiguo Sudán occidental.
Si por el momento, Abdelmalek parece conformarse con la idea de una confederación islámista extensiva al Magreb y territorios limítrofes del Sudán occidental, hay quien ya ha advertido en él toda la voluntad de un guerrillero elegido para conseguir el enlace estratégico con los islamistas del África centro-oriental, desde Kenia a Somalia.¡Ojo!: sabido es que el mundo mediático gusta de inflar el globo para beneficio de su cometido, aunque más tarde contribuya a disolver la burbuja que ha fabricado con énfasis.
La otra cara del asunto, es que el emir argelino, Droukdel, se deje transportar con facilidad por sus sueños redentoristas y aspire a federar a todos los djihadistas que pueblan el espinazo que atraviesa África desde el sur de Marruecos y norte de Mauritania hasta las costas que bañan las aguas del mar Rojo.
La respuesta de los poderes regionales al Bin Laden magrebí se ha hecho esperar, aunque ha terminado de producirse: los jefes de estado mayor de Argelia, Mauritania, Malí y Níger se han reunido el 6 de septiembre para establecer los planes contraofensivos que neutralicen las actuaciones guerrilleras de Al-Qaeda en el eje africano anteriormente trazado.
Nos preguntamos por qué Marruecos no ha tomado parte en esta iniciativa magrebí de última hora. ¿Es que el estado mayor marroquí tiene tan controladas sus fronteras como para permitirse quedar fuera de la iniciativa? ¿O es que el origen argelino de esa iniciativa genera inhibición no sólo en el ejército, sino también en los círculos de poder próximos a Palacio? Preguntas que el presente arroja al futuro inmediato por ver si éste las despeja en cualquiera de los sentidos a que apuntan aquéllas.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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