www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La credibilidad del cine argentino

viernes 02 de octubre de 2009, 20:40h
Me encanta el cine argentino. Desde siempre. Me entusiasman sus guiones, su humano trasfondo ya sea individual o colectivo, social o sentimental. Y sus actores y actrices. Recuerdo especialmente una película de los años ochenta, cuyo titulo he olvidado desgraciadamente, y que trataba del retorno a Buenos Aires de un matrimonio argentino exiliado en Estados Unidos y de su reencuentro con los que se habían quedado en Argentina durante la dictadura: sus hermanos, sus amigos, su maestro en la Universidad, sus padres. Cada cual explicaba sus frustraciones y vivencias. Era una película de una ternura y de amplitud de ópticas fascinante. Todos tenían su razón, su justificación: los que huyendo de la falta de libertad la encontraron pero vivían en la melancolía. Los que se quedaron argumentaban que ellos eran los que habían combatido la dictadura y los que habían padecido penuria y angustia. Otros justificaban que se quedaron porque no tenían otra opción vital ni posibilidades económicas para salir del país. Era una película política, claro, pero las situaciones se planteaban en el terreno humano. Había cariño en la defensa de cada postura, había visión amplia de cada actitud.

He evocado esta trama al ver el otro día la última película de Juan José Campanella, “El secreto de sus ojos”, del que ya me habían gustado mucho sus anteriores realizaciones, “Luna de Avellaneda”, “El hijo de la novia” y “El mismo amor, la misma lluvia”. Y es inevitable que de mi primera afirmación y del desarrollo ya ejemplificado de alguno títulos surja la también inevitable comparación con el cine español en mi opinión adolece de frescura, creatividad, atrevimiento, audacia. En una palabra, de credibilidad.

Los argumentos de las películas españolas en las últimas décadas han marcado una distancia entre cine y realidad. El cine español no es ahora y desde hace mucho tiempo testimonio de su tiempo, ni de la sociedad española. Huye de los guiones donde prime la humanidad, el debate interior, la duda. Es válida la singular óptica de Pedro Almodóvar, que es caso aparte. Pero Saura, que hizo cine comprometido durante el franquismo, se ha refugiado en el flamenco, lo que nadie entiende, Amenábar se ha adentrado ahora con “Alejandria” en la evocación histórica, lejos creo de la inquietud de nuestros ciudadanos y Fernando Trueba es el más sólido en los argumentos clásicos. Su hermano David es en mi criterio el que ha dirigido la mejor película española de los últimos años, “Soldados de Salamina”

Viendo los últimos treinta años de cine español, apenas hay películas sobre el problema vasco, sobre el terrorismo etarra, pocas sobre la droga-salvo en las de Eloy de la Iglesia- y a nadie se le ha ocurrido narrar el drama de un modesto guardia civil que combatiera el terrorismo y defendiera la libertad en Euskadi o que relatara el desprecio que sus familias han sufrido en el País Vasco. Tampoco hay una sola película que contara las tan comprensibles dudas de conciencia que un auténtico hombre de izquierdas debía tener cuando comprobó la complicidad del socialismo en el poder con la corrupción y el crimen de estado, o los problemas lingüísticos de nuestro país, con inmigrantes, funcionarios, y estudiantes, españoles y extranjeros, obligados a trabajar y a aprender en otra lengua distinta del castellano para ser aceptados en las comunidades que imponen su propia lengua sobre la común. Nadie se atreve a hacer una película sobre el nacionalismo catalán, gallego o vasco como sistema de imposición y de discriminación entre ciudadanos. Es políticamente incorrecto. Poco se ha filmado sobre el regreso de los exiliados en la transición- “Volver a empezar”, si acaso- y muy poco salvo “Un franco, 15 pesetas” –después de “Vente a Alemania, Pepe” sobre la tristeza de los emigrantes españoles en Alemania, Suiza o Francia.

En una palabra: falta criterio, ideas, autonomía financiera, audacia y sobra dependencia política y dependencia financiera. Y sobre todo falta credibilidad, como me decía el otro día un buen amigo, hablando de este asunto, precisamente: “Mira Carlos, aquí cuando más empleo se estaba creando en los años noventa y dos mil, y mejor iba nuestro país, todos los “Goya” fueron para “Los Lunes al Sol” sobre el drama de un obrero en paro”.

Me duele escribir este comentario, porque nuestro cine tiene un digno pasado, y enormes aciertos en originalidad, profesionales excelentes y actrices y actores soberbios. Y veo que no es fácil que el cine español haga este examen de conciencia.

Los argentinos también han tenido una dictadura, tampoco disponen de una industria, son un país arrasado por la crisis económica, la pillería institucional y callejera, la inmoralidad pública y la inseguridad jurídica. Y sin embargo su cine es creativo, real, humano, pegado a las cosas que interesan, a los problemas de la gente, a sus ilusiones y esperanzas, a sus pequeños dramas y a sus íntimas esperanzas. Por eso tiene credibilidad. Por eso me gusta tanto.

Carlos Abella

Licenciado en Ciencias Económicas y escritor

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios