La peste de la lectura prematura
Martín-Miguel Rubio Esteban
sábado 03 de octubre de 2009, 21:05h
“Eximiendo así de toda obligación a los niños, les quito los instrumentos de su mayor desgracia, que son los libros. El azote de la infancia es la lectura, y casi no sabemos emplearla en otra cosa. De doce años apenas sabrá Emilio qué cosa es un libro. Necesario es que sepa leer cuando le sea útil la lectura; pero creo que hasta entonces sólo sirve para torturale”. Esto decía el genial y sensitivo Rousseau en su Emilio. Y seguía atacando con pasión el aprendizaje de la lectura en la infancia echando mano de razonamientos sacados de la obra de Locke. Pero de nada ha servido su Emilio. Se siguen matando sin piedad lectores desde el BOE y los Diarios Oficiales de las Distintas Comunidades Autónomas con su morbo maldito de introducir la lectura en la primera infancia. El programa escolar sigue siendo la enorme apisonadora que oprime inexorablemente tanto al maestro celoso como al niño necesitado de expansión y naturaleza. En vez de desarrollarse al niño con el currículo, se llega a actuar como si se tratase de desarrollar al currículo con el niño, a costa de la salud mental y física del niño. Es así que el Estado sigue haciendo a la escuela puericida.
Si ya es una barbaridad que el Real Decreto 1630/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas del segundo ciclo de Educación Infantil, sitúe a la lecto-escritura como el gran objetivo didáctico para los niños entre 3 y 6 años, ya es completamente delirante que los currículos oficiales de la mayor parte de los Decretos egresados de las Comunidades Atónomas para el Primer Ciclo de Infantil; esto es, para niños entre 0 y 3 años, acerquen el lenguaje escrito a estos “infantes” e “infantas”, que deberán manipular y gustar de textos escritos ( aunque sean – concesión del legislador – acompañados por ilustraciones, dibujos, pictogramas o fotografías ).
La mejor manera que tenemos de hundir los más nobles Planes de Lectura en las etapas educativas de la Primaria y la Secundaria es, precisamente, torturar a los niños más pequeños con los garabatos fenicios de las letras, que aún mantienen su sabor ugarítico y las siluetas sombreadas del rey Eliba´al y del rey Mêsà de Moab. Si la Humanidad tardó milenios en pasar de los signos que representan las cosas y sus relaciones ( etapa semasiográfica ) a los que representan los sonidos del habla, que son las letras ( etapa fonográfica ), dejemos a los niños más pequeños, los seres humanos más inteligentes que existen, instalados por más tiempo en la magia del dibujo y las expresiones plásticas más personales. De ese modo coseguiremos lectores voraces que evocarán con los libros a sus propias experiencias y sus ensoñaciones plásticas. Dejémosles más tiempo vivir y experimentar con sus solos sentidos, lo mismo que la estatua de Condillac, a fin de que luego comprendan mejor y reciban más placer de esos objetos sagrados que han gobernado el mundo.
Aristóteles tiene escrito en el capítulo preliminar de su De interpretatione ( en la Lógica ) lo siguiente: “Las palabras habladas son los símbolos de la experiencia mental y las palabras escritas son los símbolos de las palabras habladas”. Dejemos a los niños permanecer más tiempo en los símbolos hablados de su preciosa experiencia mental, vislumbradora del Cielo.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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