Cuatro directoras de Comunicación de otros tantos ministerios provienen de medios del Grupo Prisa. La propia secretaria de Estado de Comunicación, Nieves Goicoechea, tuvo como trampolín la Cadena SER. Desconodida y silenciada, Goicoechea trabaja en la sombra y desarrolla una labor muy distinta a la que realizaron sus predecesores, Miguel Barroso, ingeniero del mapa audiovisual en la primera legislatura, y Fernando Moraleda, voz autorizada del Gobierno. ¿Cuál es, entonces, el papel de la actual política informativa del Ejecutivo?
La
Secretaría de Estado de Comunicación es, en la actualidad, uno de los departamentos más desconocidos para la opinión pública, pero no siempre lo ha sido con
Rodríguez Zapatero en el poder. Su primer responsable, allá por 2004 y tras la configuración del Gobierno socialista, fue
Miguel Barroso, profesional de la comunicación y cuyo papel consistió en asesorar al presidente sobre su imagen y reordenar el mapa audiovisual nacional para adaptarlo a las exigencias del nuevo Ejecutivo y dar paso a una nueva era en la televisión. Casado con
Carme Chacón, ministra de Defensa, Barroso ha sido acusado por los medios de
Prisa de mantener negocios con los principales accionistas de
laSexta.
En 2005, apenas un año y medio después de nacer el Gobierno, se produjo el primer relevo de renombre en el equipo del presidente, una vez abordada la reforma de
RTVE en el Consejo de Ministros, arrancado el debate sobre la
TDT y
Cuatro como una realidad. Barroso había cumplido con su cometido y cedió el testigo a
Fernando Moraleda, con un perfil y funciones bastante alejadas de las de su antecesor.
Rodríguez Zapatero conoció a Moraleda a través de Cándido Méndez, amigo en común. Cuando el hoy presidente fue elegido secretario general del
Partido Socialista, en 2000, Moraleda lo era de Unión de Pequeños Agricultores (UPA), de ahí que su primer trabajo en el Ejecutivo lo desempeñara en la
Secretaría General de Agricultura, Alimentación y Desarrollo Rural. Químico de vocación y estudios y experto en todo lo relacionado con la agricultura y su gestión, Moraleda contaba y cuenta con una faceta política muy marcada y facilidad de palabra. Cuando tomó las riendas de la Comunicación en el Gobierno lo hizo como portavoz, para dar la cara y relacionarse de forma permanente con los medios. En definitiva, una voz autorizada cuyo único riesgo era pisar labores de la Vicepresidencia, en manos de
De la Vega. En la etapa más visible, o al menos más mediática, de la
Secretaría de Estado de Comunicación, Felipe González pinchó el globo en plena campaña para la reelección de
Rodríguez Zapatero como presidente, en 2008, al decir en un mitin en Barcelona a sus compañeros: “Lo habéis hecho bien, pero no lo habéis sabido explicar”.
Moraleda comenzó el año pasado la segunda legislatura como diputado raso. Se abría una nueva etapa, también puede que con otras necesidades. Era el turno de
Nieves Goicoechea, en un nombramiento polémico de partida al haber desarrollado su carrera profesional en la
Cadena SER. No sería la única que recalaría en el Gobierno. Su trayectoria en la radio de Prisa la concluyó como corresponsal en La Moncloa. Antes, había sido jefa de Nacional (2001-2007), designada por el por entonces director de informativos de la cadena,
Antonio García Ferreras, uno de los pocos que puede presumir de haber jugado al baloncesto con el presidente del Gobierno. Hoy, Ferreras es presidente de
laSexta. La suerte de Goicoechea en la SER cambió al llegar el actual jefe de informativos,
Rodolfo Irago, que la envió a La Moncloa a cubrir todo lo que se cociera y la despojó de la jefatura de sección. Irago no imaginaba que, en pocos meses, la casa presidencial sería algo más que una corresponsalía para la madrileña.
El papel del departamento de
Goicoechea, según palabras de la Secretaría, es el de “coordinar la política informativa del Gobierno y elaborar los criterios que la determinan y organizar la cobertura informativa de la actividad gubernamental”. En la práctica y en lo que concierne a la convivencia con los medios de comunicación,
Nieves Goicoechea no tiene voz como sí la tuvo Moraleda. La comunicación en Moncloa trabaja como un servicio de prensa convencional, no de representación, y remite cuando se pide su colaboración a las palabras del presidente o la vicepresidenta y a las notas de prensa que previamente han recibido el visto bueno de las altas instancias. Una de las últimas actuaciones sonadas fue la llamada de Comunicación a la
Casa Blanca para que retirara de su
web la
polémica fotografía en la que los Obama posaban con el presidente del Gobierno español, su esposa y sus
hijas.
La Cadena SER, ¿trampolín hacia el Gobierno?Las redacciones de los medios de Prisa han visto cómo algunos periodistas han tomado el camino hacia el
Gobierno en los últimos meses. Una compañera de la secretaria de Estado de Comunicación en la Cadena SER,
Eva Cuesta, trabaja ahora codo con codo con Beatriz Corredor en
Vivienda. El mismo camino ha seguido
Belén Ayala, ex responsable de Economía de Cuatro y CNN+, que ahora es directora de Comunicación de
Industria, muy cercana a Miguel Sebastián. Además,
Paloma Tortajada, periodista que permaneció más de una década en la Cadena SER para más tarde recalar en Cuatro de la mano de
Iñaki Gabilondo, con quien trabajó durante ocho años en su programa matinal de radio, es homóloga de Cuesta y Ayala en
Educación desde que Ángel Gabilondo, hermano del comunicador, se hizo con el Ministerio.
Esta semana se ha sabido además que Carme Chacón ha contratado a
Georgina Higueras para que dirija la comunicación de
Defensa. Higueras, tercera
dircom de Chacón en poco más de un año en el Ministerio, ha cubierto grandes conflictos en Asia como corresponsal de
El País y de la Cadena SER. La ministra cuenta desde ahora con una experta periodista en cuestiones internacionales y afín a sus políticas, sin obviar que ha sido galardonada con algunos de los más destacados premios internacionales por sus crónicas y reportajes.
Uno de los principales retos del
Gobierno para recuperar la confianza ciudadana, mermada a tenor de las últimas encuestas, es la política informativa, criticada incluso de forma pública por la cúpula del PSOE en sus últimas reuniones. Se desconoce si
Nieves Goicoechea permanecerá hasta el final de la legislatura al frente de la Secretaría de Estado, así como si su labor continuará realizándola en la sombra o conocerá su rostro el gran público. Lo único que confirman las últimas incorporaciones a la asesoría de los ministerios es que no todo se ha roto en las relaciones entre el Gobierno y el
Grupo Prisa.