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"Buda explotó por vergüenza"

La violencia de Afganistán, en los ojos de una niña

martes 26 de febrero de 2008, 12:42h
La precocidad en su vocación y la franqueza de su cine le viene de familia. Su padre, también director, tuvo que exiliarse de Irán, y "vive como un nómada por varias ciudades del mundo", mientras que su madre es guionista y su hermana Samira da órdenes tras la cámara, tal y como explica Hana (sin dar muchas pistas) en una entrevista con Efe, a cuatro días del estreno en España.

Hana explica todo este entramado familiar en lengua farsi y su hermano, con el que siempre viaja cuando está de promoción, traduce al inglés para que el intérprete de turno (en las últimas semanas ha estado en Berlín, París y Madrid) lo traslade al idioma del día.

Durante ese tiempo público, y sobre todo para las fotos, se cubre la cabeza con una gorra negra a pesar de no ser religiosa y así evitar problemas con los integristas, que no verían con buenos ojos que una mujer mostrase su cabello.

A partir de ahí, casi todo son denuncias. De hecho, "Buda explotó por vergüenza" está filmado en Afganistán porque "comparte con Irán todos los problemas políticos, sociales y culturales" y porque, además, aún no ha recibido el permiso que las autoridades iraníes exigen para rodar en su territorio.

"Presenté el guión, como suele hacerse, al Ministerio de Cultura de Irán para que permitiesen filmar la historia, pero aún estoy esperando respuesta", explica Makhmalbaf encogiéndose de hombros.



La violencia desde niños
La película, rodada en Bamian, un pueblo situado a los pies de los budas de 1.500 años que los talibanes destruyeron en 2001, narra el día de una niña de cinco años que quiere ir al colegio pero que, por el camino, se ve perseguida por un grupo de niños que "juegan a la guerra".

"Mi intención era demostrar con una historia sencilla que los niños se están acostumbrando a la extrema violencia que ven en sus mayores", explica con gesto serio Hana, para añadir que "ellos son el futuro" y que, por tanto, "ese futuro está en peligro".

Afganistán es en este sentido un claro ejemplo de caldo de cultivo violento, puesto que en un periodo de 25 años se han sucedido en el gobierno los rusos comunistas, Al-Qaeda, los talibanes y los laico-cristianos occidentales.

"Todos ellos se han empeñado más en destruir el régimen anterior que en mejorar la vida de la gente", afirma Hana, que pudo vivir a lo largo de los nueve meses de rodaje "la ausencia de casi todo" que sufren diariamente los habitantes de Bamian, situado a trece horas por camino pedregoso de cualquier punto más o menos civilizado.

"Lo más difícil fue rodar con los niños, porque nunca habían visto su imagen 'en una caja' y no sabían qué les iba a suponer eso después", explica la joven.