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¿Berlusconi a la cárcel? Imaginación en estado puro…

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 11 de octubre de 2009, 17:41h
Italia acaba de vivir una semana caótica, ansiosa y preocupante, que ha concluido con una noticia bastante sorprendente: Berlusconi es un ciudadano normal y corriente, no está por encima de la ley. Dios, ¡qué noticia! El Tribunal Constitucional ha declarado inconstitucional el “Laudo Alfano” (la ley que otorgaría inmunidad judicial a los cuatro mayores cargos del Estado), ya que atenta contra dos artículos de la Constitución: el 138 (la inmunidad de los altos cargos debe legislarse por la vía constitucional y no por la ordinaria) y el artículo 3 (“todos los ciudadanos son iguales ante la ley”). Ilegitimidad tanto de la sustancia como del método. La sentencia significa la reapertura como mínimo de dos de los cuatro procesos en que Berlusconi está acusado (uno por soborno y otro por irregularidades financieras en la compraventa de derechos televisivos).

Bueno, reconozco que la semana me ha provocado muchas reflexiones, que iré exponiendo, pidiendo disculpas si el artículo es más largo de lo habitual.

1. Berlusconi debe urgentemente cambiar de abogados. No me fastidien, un año y medio preparándose la defensa, la memoria y no se le ocurre nada mejor que las siguientes chorradas: “La ley es igual para todos, pero no siempre lo es su aplicación” (es verdad, pero dicho por un abogado en tan pomposa sede da vergüenza), “Berlusconi no es un primus inter pares, sino primus supra pares” (dejamos el latín- la formula fue creada por los emperadores romanos para impedir un retorno a la República- y estudiamos el Código Penal…y a fondo teniendo en cuenta los múltiples crímenes del cavaliere), “no se trata de una ley de inmunidad sino de una mera tutela del derecho de defensa de los altos cargos, suspendiendo los procesos”. Este último punto me quitó el sueño el miércoles: desde la cuestión lingüística de substituir “inmunidad” por “suspensión del proceso penal” a tutela de los altos cargos. ¿Por qué debemos considerar a los presidentes de las dos Cámaras como insustituibles? Y, ¿el Presidente de la República no cuenta ya con esta forma de tutela salvo “en caso de alta traición patria y atentado a la Constitución”? (artículo 90 de nuestra Carta Magna, queridos juristas). Así que resumiendo, la inmunidad salva4 se reduce a un solo “Salvados por la Justicia”, vamos, una nueva ley ad personam. ¿Un alto cargo del Estado no puede ser acusado en un juicio? ¿No sería más lógico que un acusado en juicio no debería ser un alto cargo? Todo esto teniendo en cuenta que sus abogados tienen un CV de todo respeto: uno defendió a un Capo mafioso, otro fue condenado por soborno y otro simpatizaba con el Partido Fascista. Se lo han currado poco, además una defensa que no se apoyaba sobre razones jurídicas, sino meramente políticas.

2. Italia está gobernada por un puñado de cuentacuentos, de fantasiosos relatores de un mundo fantástico y, preocupantemente surreal: desde Berlusconi a Bossi que, antes subrayaba que “la crisis de Berlusconi es un problema de mafia. Las prostitutas las mueve la mafia” (¿qué quiere decir que el caro líder se va de putas?) y luego, en un atasco mental demagógico, grita “Nosotros tenemos el pueblo. ¿Quién querría retar la ira de los pueblos? ¡Bien Ministro, palabras responsables! Y, horas antes de la sentencia, el Ministro La Russa: “Soy optimista. Todo saldrá bien”. ¿Pero que era una operación quirúrgica donde cabía esperar y rezar? Sobre la sentencia, los portavoces parlamentarios del partido de Berlusconi: “Se trata de un golpe, un diseño subversivo”. ¿El deseo de que se aplique la ley es algo subversivo? ¿Una causa civil se compara a un golpe de estado? Esta gente no teme de hacer el ridículo, ¿verdad? Considero que en Italia ser un elector de izquierda debe dar bastante pena, pero, acostarse y pensar de haber puesto tu futuro en manos de gente así me parece aún peor.

3. La sentencia debe ser interpretada como una victoria del Estado de Derecho (a eso nos hemos reducido, ¡pobre Italia, tan desprestigia y carente de credibilidad!) en contra de un Presidente que anhela sobrevivir por encima de la ley, apostando por desmoronar la democracia parlamentaria y vaciarla de contenido (en este primer año de Berlusconi III, el Parlamento ha aprobado sólo 15 leyes – como la valorización de la Abadía de la Santissima Trinità de Cava de’ Tirreni y otras aún menores- mientras las demás directamente por el Gobierno). ¿No querrá plenos poderes? Berlusconi considera la justicia como una “forma de lucha política” y por eso, contrapone su propia legitimidad institucional a la de las instituciones. El jefe del Ejecutivo utiliza el poder legislativo para escaparse del poder judicial (pobre Montesquieu), abogando por la primacía del derecho “popular” sobre cualquier otro derecho. Su poder no debe conocer ni limites institucionales ni contrapesos políticos. Él es el pueblo y no importa su pasado siniestro. El Rey Sol debe ser libre en el ejercicio de sus funciones, pese a no conocer el ars gubernandi y preocuparse sólo por sus intereses privados. Lástima que una democracia parlamentaria difiere de una plebiscitaria y exige respeto a la independencia y separación de poderes.

4. Pero, ¿por qué vive la sentencia de la Corte como una condena? Y, qué cansino con lo de siempre, “todos son de izquierda” (¡porque no gobierna la izquierda si todos son rojos!), que el mundo le tiene envidia y las chorradas-letanías clásicas. Esta vez, el cavaliere parece sacudido por una histeria frenética que desemboca en insultos y ofensas gratuitas contra el resto de poderes del Estado (presidente de la República, Tribunal Constitucional, Magistratura), abriendo una grave crisis institucional.

5. Capitulo oposición política: me daría ganas de pasar al punto siguiente. No hay rastro ni mancha de una oposición capaz de guiar el país y el único candidato que arremete constantemente contra Berlusconi es Antonio Di Pietro. A ver si me toca votar por él…

6. Posibles escenarios. Es evidente que estamos en presencia de una “solución a la italiana”, un gatopardiano “cambiar todo para que no cambie nada”. Siento ser aguafiestas, sofocar los fáciles entusiasmos y augurar que Berlusconi no dejará su cargo. Su desfachatez (o inmoralidad) no tiene límites y por lo tanto, ni hablar de dimisión. Alea iacta est: la estrategia ya está decidida y en marcha. Se trata de dilatar los procesos al infinito, obstruir los procedimientos penales, entre recursos y aplazamientos, hasta que todos sus delitos terminen en proscripción. Mientras tanto, es posible que actuará una lenta reforma del Código Penal, poquito a poco: ya, ¿por qué no intentar modificar una vez más algunas normas adversas? O hacer el ordenamiento más ágil, más…ad personam. No tengo dudas: se va a librar de esta también y procurará salir airoso de sus problemas con la Justicia. Él puede estar tranquilo, los italianos no. En presencia del Cavaliere, el peor de los escenarios es el que se perfila siempre.

Ps. Rosy Bindi “¿es más guapa que inteligente?” Poco importa si lo dice una persona más alta que honesta, con más pelo que educación...

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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