Déficit de sentido común
José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
domingo 11 de octubre de 2009, 17:47h
A pesar de haber amenazado con endurecer las agresiones fiscales, y precisamente como argumento para llevar a cabo tal cometido, las arcas de la administración presentarán un déficit de hasta el 10% del PIB. Los recortes no se han hecho esperar y lo que más me ha llamado la atención es el salvaje mordisco sufrido por el Ministerio de Ciencia e Investigación.
Es de sentido común que en un mundo globalizado, la competitividad es tan salvaje que no se puede dejar de lado algo tan importante como el I+D+I. Creía innecesario tener que andar recordando, que en la Sociedad de la Información y el Conocimiento no se puede prescindir de la ciencia y la investigación. Me parece repetitivo y triste tener que insistir en que la fuga de cerebros no es sólo un problema del llamado tercer mundo. Si España ya no puede ser un mero proveedor de materias primas o de mano de obra barata, pero tampoco destaca en los campos asociados a la creación de valor, ¿cuál es su papel en Europa y en el mundo? No esperemos que el “chollo” del turismo vaya a durar mucho más, pues siempre puede hundirse de un día para otro.
Esta situación me recuerda la bajada de sueldos que Evo Morales llevó a cabo entre las filas de su propio gobierno al llegar al poder. Su argumento: ganaban demasiado. Aquí sin embargo sabemos que tenemos que mantener intactos los salarios del alto funcionariado, porque como ya se dijo para defender las bonificaciones de cierto alcalde de tercera que cobraba más que el presidente del Gobierno, es mejor que sea así, para evitar las acechantes tentaciones y los malos hábitos. En los medios de comunicación escuché un gracioso comentario fugaz, en el que se aseguraba que la Casa Real daba ejemplo de austeridad al congelar su presupuesto. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que dicha institución es por principio incompatible con el sustantivo “austeridad”, pero sobretodo que si de verdad hubiese mostrado tal intención no habría mantenido su partida presupuestaria, sino que la habría reducido. También estoy seguro de que si este año se hubiesen suspendido los actos del anacrónico día de la Hispanidad la gran mayoría de la gente hubiese mostrado su comprensión. Incluso podrían haber destinado el dinero ahorrado en el desfile a mejorar la seguridad de las tropas desplegadas en el extranjero. De hecho, podrían haberlas retirado, si tenemos en cuenta el coste de dichas misiones.
Las irresponsabilidades en este terreno no son visibles sólo a nivel estatal. Después del fracaso de la “corazonada”, los habitantes de Madrid tendrán que responder ante un nuevo impuesto para la recogida de basuras, que dudo mejore el servicio. Ahora, la mano extendida multicolor se encoge en actitud pedigüeña, sin pedir perdón por los excesos cometidos. No contentos con eso, se insiste en maquillar la historia con el festival “Viva América”, en el que seguro que no se hace alusión a la masacre de indígenas, el colonialismo agresivo y la explotación. Y es que a nivel autonómico y local se aprecia casi más fácilmente el despilfarro del que pecan las administraciones. Y en muchas ocasiones con el agravante añadido que supone el favoritismo en las adjudicaciones de contratos.
La poca influencia ejercida por actores externos a la clase política en la configuración de los presupuestos hace que a veces parezcan fuera de control. Este verano no ha faltado una dosis considerable de “pan y circo”. Seguimos encomiando nuestro ocio a planificadores que deciden cómo utilizar nuestro tiempo libre. Me estremezco sólo de pensar que un sólo céntimo de las arcas públicas vaya destinado a la actuación de alguno de esos “artistas” prefabricados, y más aún si se dedica a alguna forma de diversión basada en el maltrato animal. Claro que, teniendo en cuenta el monopolio del espacio ejercido por empresas y Estado, que impide en gran medida las iniciativas populares y espontáneas, no me extraña que haya que recurrir a los programas oficiales.